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Los Institutos Seculares

El Papa Francisco nos dijo: "Desde la época en la que Pío XII ha pensado en ellos, y luego con la Provida Mater Ecclesia, ha sido un acto revolucionario en la Iglesia. Los Institutos Seculares son un gesto de valor que tuvo la Iglesia en ese momento; estructurar, dar institucionalidad a los Institutos Seculares. Y desde ese momento hasta ahora es muy grande el bien que dan en la Iglesia, con valor, porque necesitamos valor para vivir en el mundo. Muchos de ustedes solos en sus apartamentos van y vienen; algunos en pequeñas comunidades. Todos los días, hacer la vida de una persona que vive en el mundo, y al mismo tiempo preservar la contemplación, esta dimensión contemplativa hacia el Señor y también para el mundo, contemplar la realidad, como contemplar la belleza del mundo, e incluso los grandes pecados de la sociedad, las desviaciones, todas estas cosas, y siempre en tensión espiritual... Por esto la vocación secular es fascinante, porque es una vocación que está justo ahí, donde ustedes juegan la salvación no sólo de los individuos, sino de las instituciones. Y de muchas instituciones seculares necesarias en el mundo. Por lo tanto, creo que con la Provida Mater Ecclesia, ¡la Iglesia tuvo un gesto verdaderamente revolucionario!

Les deseo que siempre mantengan esta actitud de ir más allá, y no sólo más allá, sino más allá y en el medio, ahí en donde se juega todo: en la política, la economía, la educación, la familia... ¡ahí! Tal vez es posible que tengan la tentación de pensar: "Pero, ¿qué puedo hacer yo?". ¡Cuando les viene esta tentación recuerden que el Señor ha hablado de la semilla de trigo! Y la vida de ustedes es como esta semilla de trigo... allí; es como la levadura... allí. Es hacer todo lo posible para que el Reino venga, crezca y sea grande y también para proteger a tanta gente, como el árbol de la mostaza. Piensen en esto. Una vida pequeña, un gesto pequeño; vida normal, pero levadura, semilla que crece. Y esto les da consolación. Los resultados de este presupuesto sobre el Reino de Dios no pueden ser vistos. Sólo el Señor nos hace percibir algo... Veremos los resultados allá arriba".

De la audiencia con el Santo Padre Francisco

a los participantes del encuentro promovido por la

Conferencia Italiana de los Institutos Seculares CIIS, mayo 2014

Los Institutos Seculares surgieron a principios del siglo pasado, y son una forma de consagración nueva y original, sugerida por el Espíritu Santo al interno de la Iglesia de nuestro tiempo. Tuvieron el reconocimiento oficial en 1947 y entraron de lleno en el nuevo Código de Derecho Canónico en 1983.

Se dividen en: institutos laicales (masculinos y femeninos) y en institutos seculares sacerdotales (sacerdotes). Sus miembros buscan vivir su consagración a Dios en el mundo a través de la profesión de los consejos evangélicos en el contexto temporal. A través de la síntesis, que es específica de ellos, entre la secularidad y la consagración, buscan dar a la sociedad las nuevas energías del Reino de Cristo, tratan de transfigurar al mundo desde el interno con la fuerza de las Bienaventuranzas. De esta manera, mientras la total pertenencia a Dios les hace plenamente consagrados a su servicio, su actividad en la vida ordinaria contribuye, por la acción del Espíritu, a la animación evangélica de las realidades temporales. Los Institutos Seculares, por lo tanto, ayudan a asegurarse de que la Iglesia, de acuerdo con la naturaleza específica de cada uno, tenga una presencia efectiva en la sociedad. (JPII Exhortación Apostólica Vida Consagrada n. 10)

Si nos preguntamos cuál ha sido el alma que ha inspirado el nacimiento de cada Instituto Secular, y su desarrollo, tenemos que responder: ha sido la profunda ansiedad de una síntesis; ha sido el anhelo de afirmar simultáneamente dos características: 1) la plena consagración de vida según los consejos evangélicos y 2) la plena responsabilidad de una presencia y de una acción transformadora al interno del mundo, para darle forma, mejorarlo y mantenerlo santo. (Paulo VI en el XXV aniversario de la Provida Mater Ecclesia, 2 de febrero de 1972)

Consagración y secularidad son los pilares inseparables, que caracterizan a la propia vocación y especificidad de los Institutos Seculares.

"Secularidad" significa la inserción en el mundo. [...] Estar en el mundo, es decir, estar comprometidos con los valores seculares, es la manera de ustedes para ser Iglesia y para hacerla presente, para salvarse y para proclamar la salvación. (Paulo VI a los responsables generales de los IS, 20 de septiembre de 1972)

Lo que hace de vuestra integración en los acontecimientos humanos un lugar teológico es, de hecho, el misterio de la Encarnación. (Benedicto XVI a los participantes en la Conferencia Mundial de los Institutos Seculares, 3 de febrero de 2007)

"Consagración" indica la íntima y secreta estructura de vuestro propio ser y de vuestra acción. [...] La consagración bautismal se ha radicalizado aún más en respuesta a una mayor necesidad de amor, suscitada en vosotros por el Espíritu Santo [...] (Paulo VI a los responsables generales de los IS, 20 de septiembre de 1972)

Al vivir en el mundo como consagrados por la profesión de los consejos evangélicos, los miembros de los IS tienden a la perfección de la caridad y se esfuerzan en trabajar para la santificación del mundo, sobre todo dentro de él (Can. 710).

Su pobreza le dice al mundo que se puede vivir entre los bienes temporales y que se puede utilizar los medios de la civilización y del progreso, sin ser esclavos de ellos; su castidad le dice al mundo que se puede amar con desinterés y en forma inagotable porque se ama desde el corazón de Dios, y que es posible dedicarse a todos con alegría sin vincularse a nadie, teniendo sobre todo en cuenta a los más necesitados; su obediencia le dice al mundo que se puede ser feliz sin detenerse en una cómoda opción personal, sino permaneciendo totalmente disponibles a la voluntad de Dios, así como se desprende de la vida cotidiana, de los signos de los tiempos y de las necesidades para la salvación del mundo de hoy. (Paulo VI en el XXV aniversario de la Provida Mater Ecclesia, 2 de febrero de 1972)

La secularidad consagrada, elemento específico de los IS, compromete a sus miembros a

• vivir en su propio entorno, eclesial y social para ser el fermento, modesto pero eficaz, que actúa en todas partes y siempre, y se encuentra presente en todas las clases de ciudadanos, desde las más modestas hasta las más pudientes, se esfuerza por llegar a ellas e impregnarlas a todas y a cada una de ellas con el ejemplo y en toda forma para uniformar a toda la masa para que toda esté fermentada y transformada en Cristo. (Motu Proprio Primo Feliciter, Introducción).

• estar presentes en el mundo, ser responsables para saber cómo servirlo, cómo configurarlo de acuerdo a Dios en un mundo más justo, más humano, y santificarlo desde adentro; (Paulo VI en el XXV aniversario de la Provida Mater Ecclesia, 2 de febrero de 1972)

• tomar en serio el orden natural, su profundidad "ontológica", tratando de leer en ella el diseño libremente perseguido por Dios;

• buscar, a la luz de la fe, las soluciones adecuadas a los problemas prácticos que surgen gradualmente, conscientes de que a menudo no se podrán alcanzar si no se corre el riesgo de soluciones sólo probables, (Juan Pablo II Discurso al II Congreso Internacional de los Institutos Seculares, 28 de agosto de 1980)

Su propio campo de actividad evangelizadora es el mundo vasto y complejo de la política, de la sociedad y de la economía; así como también de la cultura, las ciencias y las artes, de la vida internacional, de los instrumentos de la comunicación social. (Paulo VI Una presencia viva para servir al mundo y a la Iglesia, 25 de agosto de 1976).

Precisamente debido a la especificidad de su vocación, en general, los miembros de los IS no viven en comunidades religiosas, sino que permanecen insertados en su entorno familiar y eclesial, desempeñando normalmente sus profesiones y sus actividades "seculares". Sin embargo, a pesar de no vivir en comunidad, alimentan en su espíritu un sentido vivo de comunión, que les hace sentirse parte de una verdadera comunidad con sus hermanos y hermanas con el mismo ideal.

Cada Instituto promueve el crecimiento de sus miembros en espíritu de fraternidad evangélica a través de una gran diversidad de formas y de acuerdo a su propia espiritualidad.