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Sor. Ch. Elisabetta di Maria
Lectio divina del libro del Éxodo_El Señor verá la sangre




EL SEÑOR VERÁ LA SANGRE: EX 12,21-32


En los capítulos 12 y 13 del libro del Éxodo podemos identificar cinco disposiciones litúrgicas de la Pascua, cinco elementos sucesivos del ritual:

el cordero (Ex 12,3-11),

el pan sin levadura (Ex 12,15-20),

la sangre en los marcos y dinteles de las puertas (Ex 12,7.21-23),

la Pascua como un memorial (Ex 12,14.24-27),

el rescate de los primogénitos (Ex 13,1-16),

con la narración central del décimo signo (Ex 12,29-32).

 

El sacrificio de la Pascua es la parte central de la comida de la redención: un entero asado de cordero, que se come rápidamente en el signo del pan sin levadura, con hierbas amargas que recuerdan la opresión que el pueblo de Israel dejará atrás.

A todo esto se suma un acto singular e incluso un poco grotesco: los marcos y dinteles de las puertas fueron marcados con la sangre del cordero, que garantiza la seguridad de las personas dentro de esas casas, a la espera de pasar la noche del terror.

Vamos a ver lo que hay detrás de estos gestos, el signo del cordero, los signos de la sangre de esa noche.


LA SANGRE

 

Tomando un poco de su sangre, la pondrán en los dos marcos y en el dintel de las casas donde lo han de comer...

Ex 12,7

 

Moisés convocó a todos los ancianos de Israel y les dijo: «Vayan a buscar un animal del ganado menor para cada familia e inmolen la víctima pascual.

Luego tomen un manojo de plantas de hisopo, mójenlo en la sangre recogida en un recipiente, y marquen con la sangre el dintel y los dos postes de las puertas; y que ninguno de ustedes salga de su casa hasta la mañana siguiente. Porque el Señor pasará para castigar a Egipto; pero al ver la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará de largo por aquella puerta, y no permitirá que el Exterminador entre en sus casas para castigarlos.

Ex 12,21-23

 

Es la primera vez en la Escritura que se ordena y realiza un ritual de este tipo. Es una novedad absoluta. Ya hemos visto en la lectio anterior como las casas de los israelitas se vuelven altares de esta manera, lugar de la presencia de Dios entre su pueblo.

Pero aún, ayudados por el pensamiento rabínico, nos cuestionamos: Dios que ve todo y sabe ciertamente todo no necesitaba la señal de la sangre en las puertas de los Judíos para reconocer sus hogares y pasar de largo. Sin embargo tiene que verlo.

¿Entonces por qué la sangre, por qué esa orden?

Y de nuevo, ¿con esa sangre se marcaba la parte interna o externa de las puertas?

 

Las respuestas de la reflexión rabínica se basan principalmente en lo que dice el texto, la sangre será una señal para vosotros.

De hecho, tenemos la expresión para vosotros, que se repite 11 veces en el capítulo 12:

Para vosotros es el primer día del mes, el tiempo de los hombres libres (Ex 12,2),

para vosotros es el cordero (12,5),

para vosotros se tendrá en custodia (12,6),

para vosotros su sangre será un signo (12,13),

para vosotros este día será un memorial (12,14),

para vosotros son las santas convocaciones en los días de los panes ázimos (12,16),

para vosotros es la tierra que el Señor da (12,25).

Toda esta noche es para vosotros y vuestros hijos preguntarán:

¿qué significa para vosotros este rito? (12,26).

 

Es impresionante como todo esto es para vosotros.

Todo lo que es de Dios y viene de Dios es para vosotros.

A partir de este para vosotros el pensamiento rabínico da una serie de interpretaciones de la sangre en los dinteles.

Una primera interpretación dice que es una clara señal de la polémica contra la idolatría:

 

Cada uno encuentre un cordero (Ex 12,3)

Está escrito: Se avergüencen todos los adoradores de estatuas (Sal 97,7).

Cuando el Santo, bendito sea, le dijo a Moisés que matara al cordero pascual, Moisés respondió: ¡Señor del universo! ¿Cómo puedo hacerlo? ¿No sabes que el cordero es uno de los dioses de Egipto? Como se dice: Si hiciéramos, ante sus ojos, un sacrificio abominable a los egipcios, ¿crees que no nos lapidarían? (Ex 8,22). Dios dijo, por tu vida, Israel no se apartará de aquí antes de masacrar a los dioses de los egipcios delante de sus ojos, para enseñarles que sus dioses no son nada. Y esto es lo que hizo; porque esa noche hirió a los primogénitos de Egipto, y esa noche los israelitas sacrificaron y comieron su cordero pascual. Los egipcios vieron a sus primogénitos muertos y sus dioses asesinados y no pudieron hacer nada, como lo dice el versículo: El día después de la Pascua, los israelitas salieron con mano poderosa a la vista de todos los egipcios, mientras que los egipcios enterraban a los que el Señor había destruido entre ellos, es decir, a todos los primogénitos, cuando el Señor había hecho justicia también en relación a sus dioses (Num 33,4).

Éxodo Rabbâh XVI, 3

 

De acuerdo con este midrash, lo que Moisés consideraba al inicio como un peligroso acto de provocación (Ex 8,22) está aquí indicado como orden de Dios y como indicación final y decisiva de que sólo él es el Señor del destino de los hombres y que no hay otros dioses que se opongan a su voluntad.

Según esta explicación, entonces, la sangre estaba en el exterior de las puertas, así que pudiese ser visible a todos los egipcios.

 

Otra interpretación, típicamente judía, dice que la sangre en los dinteles, es el acto, junto con la circuncisión, a través del cual los judíos merecieron la redención. Creer en la redención sin actos de fe, no es suficiente, y los actos de fe son la miṣwōṯ, el guardar los mandamientos.

Al ver que el pueblo judío no tenía miṣwōṯ, Dios les dio estos dos preceptos, gracias a los cuales fueron redimidos:

 

¿Por qué Dios les protege a través de la sangre? Así que se acuerden gracias a la sangre de la circuncisión de Abraham.

Por dos tipos de sangre Israel fue redimido de Egipto, la sangre de la Pascua y la sangre de la circuncisión, como se dice: Yo pasé junto a ti, te vi revolcándote en la sangre, y te dije: Vive en tu sangre (Ez 16,6).

Y marcarás el dintel: por los méritos de Abraham

Y los marcos de las puertas: por los méritos de Isaac y Jacob.

Es a causa de sus méritos que vio la sangre y no permitió entrar al exterminador en vuestras casas para herir.

Éxodo Rabbâh XVII, 3

 

En la cita de Ezequiel, hecha por el Midrash, el término sangre es plural en hebreo y, con licencia poética, se presentaría como: Te vi inmersa en tus sangres (. beḏāmayiḵ), vive en tus sangres (. beḏāmayiḵ).

Y así los comentarios judíos dicen que este plural se refiere a la sangre del sacrificio y a la de la circuncisión1. Gracias a esos dos méritos fue que los israelitas salieron de Egipto.

La sangre de la circuncisión y la del Cordero son los signos que dan testimonio de la unidad de los que tienen el mismo destino y la misma pertenencia a Dios y a un pueblo. Éstos manifiestan la identidad de un pueblo que reconoce la soberanía de Dios y adhiere a su enseñanza.

La sangre en el exterior, entonces es lo que Dios pidió a los hijos de Israel para expresar su diversidad con respecto al ambiente en el que vivían, como testimonio hacia los egipcios en pertenecer al pueblo de Dios y que estaban listos para salir de Egipto como pueblo y para confiar en Dios durante su camino.

 

Una tercera y última interpretación dice que el cordero de la Pascua es una protesta contra la idolatría, no de los egipcios, sino de los israelitas. Vivir en Egipto por generaciones llevó a los hijos de Israel a tomar creencias erróneas, y a sentirse atraídos y condicionados por cultos fáciles y atractivos del panteón egipcio, así como los judíos de la época del exilio se sentían atraídos por cultos solemnes y preciosos de Babilonia, hasta el punto de no querer volver a Jerusalén. Ante esta accesibilidad de la religión egipcia, la perspectiva de un solo Dios, que ofrece el don y el peso de la libertad es impactante y llena de miedos. La intervención de Dios ha destruido no sólo la estructura del poder, político y religioso, de sus opresores, sino también el sistema de creencias que habían ya tomado los mismos israelitas.

Tenemos dos textos del Antiguo Testamento que dan este testimonio, el de una lucha para dejar el credo asumido, los ídolos de Egipto:


Cuando elegí a Israel, y levantando la mano juré por la descendencia de la casa de Jacob, les aparecí en la tierra de Egipto y alzando la mano juré, diciendo: "Yo soy el Señor tu Dios." Entonces levantando la mano juré sacarlos de la tierra de Egipto y llevarlos a una tierra escogida para ellos, donde mana leche y miel, y que es la más hermosa de todas las tierras. Les dije: "Todos y cada uno olvide las abominaciones que están bajo sus propios ojos y no os contaminéis con los ídolos de Egipto. Yo soy el Señor, vuestro Dios".

Pero ellos se rebelaron contra mí y no quisieron escucharme: No se alejaron de las abominaciones de sus ojos y no abandonaron los ídolos de Egipto.

Ez 20,5-8

 

Ahora, pues, temed al Señor y servidlo con integridad y lealtad. Olvidad a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres más allá del río y en Egipto, y servid al Señor. Si parece malo ante vuestros ojos servir al Señor, elegid hoy mismo a quién servir: si a los dioses a los que sirvieron vuestros padres más allá del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra vivís. En cuanto a mí y a mi familia, serviremos al Señor".

Jo 24,14-15

 

Según el pensamiento rabínico, Dios impone a su pueblo tomar una decisión: sacrificar el Dios-cordero de Egipto que adoraban, disolviendo así su relación con la idolatría, y mostrarles, o sobre todo demostrarles, que estaban listos para redención.

Entonces poner la sangre en las puertas es un símbolo de fe y no una provocación para los egipcios. Así, este signo no se coloca en el exterior de las puertas para que los egipcios los vean, sino que es más probable que el interior de las puertas haya sido rociado con la sangre, como un mensaje de interiorización, como un signo exclusivamente para los hijos de Israel.

 

Estas diversas interpretaciones nos enseñan que la libertad tan esperada y deseada, necesita de la atención de los primeros pasos, pasos de elección, de renuncia, de desprendimiento, pasos que nos dicen a nosotros mismos quiénes somos y lo que queremos ser, señales que nos relatan lo que dejamos atrás y lo que estamos dispuestos a vivir para entrar en el espacio que está delante de nosotros con valor, confianza y determinación.


DE PRISA

 

Hemos visto en la lectio del mes pasado el origen del significado del término Pesah. Existe un tercer lugar a partir del cual el pensamiento rabínico deduce el significado de esta palabra:

 

Una voz, mi amado, aquí viene, saltando por los montes, brincando por las colinas. Mi amado es como una gacela o un cervatillo. Aquí está tras nuestra pared, mirando a través de las ventanas, mira por las rejillas de luz.

Ct 2,8-9

 

Aquí no está presente el verbo pāsaḥ, pero está la misma idea: evoca Dios que salta con grandes pasos por las montañas para ir a proclamar el día de la redención, de la liberación.

Dios salta, brinca, corre rápidamente de un cerro a otro, de una montaña a otra para llegar a la gente y sacarlos de Egipto. Es él quien está de prisa, y se apresura para llegar a Israel, porque tiene prisa para salvar a su pueblo. Por lo tanto, la prisa no es por salir, porque están huyendo o por el temor a que los egipcios cambien idea. Como al final del exilio de Babilonia, también en la noche del Éxodo, los israelitas partieron con seguridad porque Dios estaba al frente, llevando una linterna como siervo, dice el Midrash, y estaba detrás de ellos. Ellos no huyen como ladrones y salteadores, sino que salen tranquilamente porque Dios los protege.

 

¿Qué quiere decir la Escritura cuando dice: Lo comeréis de prisa? [...]

Abba Hanin en nombre de R. Eliezer dice: se refiere a la prisa de la Šeḵînâh. Y aunque no hay evidencia a favor de esto, existe un texto que dice: ¡Una voz! ¡Mi amado! Aquí viene, saltando por los montes, brincando por las colinas. Mi amado es como una gacela o un cervatillo. Aquí está tras nuestra pared (Ct 2,8-9). Se podría pensar que en el futuro también la liberación será de prisa. Aunque se dice: Vosotros no tenéis que salir de prisa como quien huye, porque el Señor irá delante de vosotros, el Dios de Israel cerrará la caravana (Is 52,12).

Mekhilta de Rabí Ishmael, tratado. Pisha, cap. VII (Ex 12,11-14)

 

Dada esta prisa, es entonces extraño que Dios ordene el rito del cordero, un ritual que requiere mucho tiempo, ocupa toda una tarde, toda una noche. ¿Por qué es necesario ver la sangre del cordero?

 

Y cuando veo la sangre.

R. Ismael solía decir: No todo está revelado ante Él, como está dicho: ¿Descubre profundidades y lo escondido, y sabe lo que se esconde en la oscuridad (Dan 2,22)? También se dice: Tampoco las tinieblas son oscuridad para ti, etc. (Salmo 139,12). Entonces, ¿cuál es el significado? el significado de las palabras: ¿Y cuando veo la sangre? es sólo esto: Como recompensa por tu observancia a este mandamiento yo me revelo y te guardo, como se dice: Y yo pasaré más allá. Ir más allá simplemente significa proteger, como está dicho: Como las aves que vuelan, así el Señor de los ejércitos protegerá a Jerusalén; la protegerá, y ella será salva, la custodiará y ella será liberada". (Is 31,5)

Y cuando veo la sangre.

Veo la sangre del sacrificio de Isaac2.

Porque está escrito: Y Abraham llamó a aquel lugar "El Señor ve" (Gen 22,14)

Del mismo modo, en otro pasaje: En el acto de la devastación, el Señor vio y se arrepintió de ese mal. Él dijo al ángel devastador: "¡Basta ya, detén tu mano!". (1Cr 21,15) ¿Qué vio? Él vio la sangre del sacrificio de Isaac, como se dice: Dios mismo verá el cordero (Gn 22,8)

Pasaré más allá.

R. Josías dice: no se lee ufasaḥti (te protegeré), sino ufasa'ti (pasaré más allá). Dios saltó las casas de sus hijos en Egipto, como está escrito: ¡Una voz! ¡Mi amado! Aquí viene, saltando por los montes, brincando por las colinas. Mi amado es como una gacela o un cervatillo. Aquí está tras nuestra pared; mira las ventanas, mira por las rejillas de la luz. (Ct 2,8-9)

Mekhilta de Rabí Ishmael, tratado. Pisha, cap. VII (Ex 12,11-14)

 

Lo que Dios ve en los dinteles de las puertas es la sangre del cordero que fue sacrificado en lugar de Isaac. Ve y recuerda, recuerda que Isaac estaba dispuesto a morir para que sus descendientes pudiesen vivir3.

Él ve el cordero que será sacrificado en lugar de Isaac: cuando Abraham e Isaac subían por la montaña Dios vio la sangre del cordero pascual, que tendría que versarse mucho más tarde, en la noche de la salida de Israel de Egipto.

Por ese episodio el cordero de Pascua es un signo de la prisa de parte de Dios para salvar a su pueblo: corre, salta en las montañas y colinas para llegar a su pueblo, como el amado del Cantar de los Cantares.

Es un pensamiento esencial para entender el significado de los sacrificios del antiguo Israel: la eficacia de los sacrificios que se realizan diariamente se apoyan en la memoria de la aceptación de Isaac, quien subió a la montaña, perfectamente unido con su padre Abraham.



UN SACRIFICIO ETERNO

 

Este día será para vosotros un memorial; es una fiesta para el Señor de generación en generación que se celebrará como rito perpetuo.

Ex 12,14

 

Esto nos lleva a comprender y a reconocer más profundamente el sacrificio del verdadero Cordero en quien se cumple toda la obra de la salvación, desde Adán el primer hombre hasta el último hombre en la tierra, la salvación anunciada en el Antiguo Testamento y en el Nuevo, esa plena y definitiva, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, el Cordero inmolado desde los orígenes del mundo, el verdadero Isaac, una sola cosa con su Padre.

 

Esta es la verdadera Pascua, en la que ha sido inmolado el verdadero Cordero, quien con su sangre consagra las casas de los fieles.

Esta es la noche en la que has liberado a los hijos de Israel, a nuestros padres, de la esclavitud en Egipto, y les has hecho pasar ilesos a través del Mar Rojo.

Esta es la noche en la que venciste sobre las tinieblas del pecado con el esplendor de la columna de fuego.

Esta es la noche que salva, en toda la tierra, a todos los creyentes en Cristo de las tinieblas del pecado y de la corrupción del mundo, los consagra al amor del Padre y los une en la comunión de los santos.

Esta es la noche en que Cristo, rompiendo las cadenas de la muerte, asciende victorioso del sepulcro.

Pregón Pascual

 

Él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo, él es quien muriendo destruyó a la muerte y resucitando, restauró nuestra vida.

Prefacio de Pascua

 

A la víctima Pascual, se levanta hoy el sacrificio de alabanza.

El Cordero ha redimido a su rebaño, el Inocente nos reconcilió a los pecadores con el Padre

Secuencia

 

Ofreciendo su cuerpo en la cruz, dio cumplimiento a los antiguos sacrificios, y dándose a sí mismo, por nuestra redención, se convirtió en altar, víctima y sacerdote.

Prefacio de Pascua V

 

La figura del cordero en el Evangelio de Juan y en el Apocalipsis, identifica a Cristo.

El cordero cuyo cuerpo es verdadera comida y cuya sangre es verdadera bebida (Jn 6,55),

una sangre que ya no se coloca en los dinteles de las puertas, sino que tomado, se vuelve aspersión interior (Jn 6,53-55):

lavar la ropa en la sangre del Cordero es el último signo de pertenencia a Él (Ap 7,14).

El cordero que quita el pecado del mundo (Jn 1,29.36) que muere mientras se presentan los corderos pascuales en el Templo (Jn 19,14.31.42), bebiendo con una caña de hisopo (Jn 19,26), el cordero, que no tiene roto ningún hueso (Jn 19,31-37).

Él es el Cordero que fue inmolado desde la fundación del mundo (Ap 13,8), es decir, en un acto eterno que nunca ha dejado de ser, que pertenece a la eternidad y que, luego, viene antes de la caída del hombre. El acto eterno que se origina en el amor y no en el pecado, como lo enseña la teología de Dunas Escoto.

Se sacrificó porque él es Amor.

 

Cordero sin mancha y sin defecto. Estaba predestinado antes de la fundación del mundo, pero en los últimos tiempos se ha manifestado por vosotros.

1 Pe 1,19-20

El memorial de esta Pascua, la Eucaristía no es simplemente una repetición o reproducción de un hecho histórico, o representación como la teología decía en el pasado. Es la manifestación visible de un acto eterno, de una herida abierta en algo que nunca ha dejado de ser: el amor de Dios por nosotros.

La liturgia visible no es otra cosa que la refracción simbólica y real, en términos corporales en la que el hombre se encuentra durante su existencia terrenal, en una realidad invisible de lo alto, así como la música no es más que la expresión aproximada, dijo Marcel de Corte, de un silencio esencial4.

 

En este sentido, entonces este día es un memorial.

Memorial, zikkārôn, es diferente a hacer memoria: no es el simple recuerdo de un gran evento, pasado y representado en un ritual, sino que es la visibilidad y la actualización aquí y ahora del evento del amor original y originario de la Pascua, un evento que funda todo pasado, todo presente y todo futuro. Ese amor que en esa noche liberó a un pueblo y que en la Pascua de Jesús redimió al hombre, ese amor que está en el origen de todas las cosas.

Todo judío, de todo tiempo y de todo lugar, el día de Pascua tiene que decir: hoy, yo salgo de Egipto.

El Rabino Gamaliel, maestro del apóstol Pablo, dijo: En toda generación, cada uno tiene que hacerse ver, o incluso considerar, como si él mismo hubiera salido de Egipto.

Pasado, presente y futuro. El día sin anochecer, el kairos.

Dios es el amor que es desde siempre, que aún es, y que siempre será.

Él es quien era, quien es y quien ha de venir.

Él es el Dios que interviene, que intervino y que intervendrá.

 

Anunciamos tu muerte, Señor... pasado,

proclamamos tu resurrección... presente,

el Señor Jesús vendrá... futuro.


LA MUERTE DE LOS PRIMOGÉNITOS

 

A medianoche, el Señor exterminó a todos los primogénitos en el país de Egipto, desde el primogénito del Faraón –el que tenía que sucederle en el trono– hasta el primogénito del que estaba preso en la cárcel, y hasta todos los primogénitos del ganado. El Faraón se levantó aquella noche, lo mismo que todos sus servidores y todos los egipcios, y en Egipto resonó un alarido inmenso, porque no había ninguna casa donde no hubiera un muerto.

Esa misma noche, el Faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: «Salgan inmediatamente de en medio de mi pueblo, ustedes y todos los israelitas, y vayan a dar culto al Señor, como lo habían pedido. Tomen también sus ovejas y sus vacas, puesto que así lo quieren, y váyanse. Imploren una bendición también para mí».

Ex 12,29-32

 

El Señor hirió a todo primogénito de Egipto: es la ejecución de la promesa hecha en el capítulo 4 del Éxodo, donde se encuentra el primer impacto de Moisés y de Aarón con el faraón:

 

Dirás al Faraón: "Así dice el Señor: Israel es mi hijo primogénito.

Te dije: Envía a mi hijo, para que me sirva, y no lo has dejado ir.

He aquí, voy a matar a tu hijo primogénito" Ex 4,22-23

 

Este texto no es un texto jurídico, como el de Ex 9,27, la historia de la séptima plaga, donde después el Faraón se reconoce culpable. Aquí el Señor no aparece como un juez, sino como la parte perjudicada: Considera insulto a él mismo, cualquier delito realizado por su hijo primogénito Israel y por este delito exige justicia. Obtendrá justicia después de actos de paciencia y de persuasión destinados a disolver el corazón endurecido del faraón.

Esta es la promesa que se encuentra en el relato de la vocación de Moisés, la ejecución es después de nueve negociaciones, los nueve signos.

En el capítulo 11 se vuelve a anunciar y en el Capítulo 12,29 se realiza.

Entre la promesa y la realización hay nueve capítulos, nueve indicaciones otorgadas al Faraón para que pueda liberar al pueblo.

 

En el Éxodo la historia del pueblo comenzó con una orden terrible del Faraón, una orden que el texto repite dos veces en unos pocos versículos:

 

«Cuando asistan durante el parto a las mujeres hebreas, observen bien el sexo del recién nacido: si es varón, mátenlo, y si es una niña, déjenla vivir».

Ex 1,16

 

«Arrojen al Nilo a todos los varones recién nacidos, pero dejen con vida a las niñas».

Ex 1,22

 

Los niños son arrojados a las profundidades del río, para eliminar la esperanza de vida, todo mañana, todo recuerdo, toda oportunidad de ser mejor, más fuerte.

Y estamos aquí con un Faraón privado de su hijo, con un pueblo privado de los niños:

parece tomar acciones de muerte y es en realidad la de de-construir su propio destino, es la de llevar a ellos mismos, a su propia historia, a su propio futuro, a esa misma muerte continuamente elegida para seguir existiendo.

Percibimos el mismo sabor, el resultado de la espada, también en la historia de David, después de la muerte de Urías, cuando encontramos en las palabras de Natán el mismo juicio:

 

¿Entonces por qué has despreciado la palabra del Señor, haciendo el mal delante de Sus ojos? Has golpeado Urías el hitita con la espada, has tomado a su esposa como mujer, y los mataste con la espada de los amonitas. Pero ahora nunca se apartará la espada de tu casa, porque me has despreciado al tomar la esposa de Urías el hitita para hacerla tu mujer".

2 Samuel 12, 9-10

 

Con la muerte de los primogénitos de Egipto se hunde en la muerte, así como los niños judíos se hundieron en el río, una elección de muerte causada por las acciones del Faraón y por el endurecimiento de su corazón que no logró evaluar sus acciones en el tiempo de la paciencia de Dios.

 

Incluso en los Evangelios encontramos esta misma dinámica del corazón endurecido que conduce a la muerte del Primogénito, de Jesús:

 

Entonces, volviendo la mirada con enojo y entristecido por la dureza de corazón, él dijo al hombre: "Extiende tu mano". La extendió y su mano quedó sana. Pero cuando los fariseos salieron de allí, tomaron consejo con los herodianos en contra de él, para ver cómo destruirlo...

Mc 3,5-6

 

Al grito de los primogénitos de Israel corresponde el grito de los egipcios:

Los hijos de Israel gemían por la esclavitud: clamaron, y su clamor, por ayuda ante la esclavitud, se levantó hacia Dios. Dios oyó su gemido, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob.

Ex 2, 23-24

 

Moisés dijo: "Así dice el Señor: ‘En el medio de la noche yo saldré por en medio de Egipto, y morirá todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito del Faraón que se sienta en su trono hasta el primogénito de la sierva que está detrás en el molino, y todo primogénito del ganado. Habrá un gran clamor en toda la tierra de Egipto, como nunca había existido y cómo nunca existirá’.”

Ex 11,4-6

 

El Faraón se levantó en la noche, él y todos sus siervos y todo Egipto, y hubo un gran clamor en Egipto, porque no había casa donde no hubiese un muerto.

Ex 12,30

 

El texto no dice cómo el Señor ha causado la muerte de los primogénitos: la destrucción, @gn, nāḡaf, sigue siendo indeterminada.

 

El Señor pasará hiriendo a los egipcios, verá la sangre que estará en el dintel y en los dos marcos, pasará más allá de la puerta y no dejará que el destructor entre en vuestras casas.

Ex 12,23

 

La palabra destructor, exterminador, hammašḥîṯ, se encuentra en algunos otros lugares en el Antiguo Testamento.

Refiriéndose nuevamente a la historia de David en 2 Samuel 24,16 y en 1 Crónicas 21,15, encontramos el hammašḥîṯ, que por culpa de David castiga con la peste a Jerusalén. La intercesión de David detiene la mano del ángel en el lugar donde se construiría el templo.

La palabra destructor, exterminador, hammašḥîṯ, se vuelve a encontrar en 1 Samuel 13,17 se traduce como patrulla de asalto, designando con hammašḥîṯ a un escuadrón preparado para la guerrilla. De ahí que algunos han deducido que hubo acciones de la guerrilla, de resistencia, que han sembrado violencia y muerte. Podría ser, si se deduce también a partir de lo que sucede en el Medio Oriente y de lo fácil que es hacer reaccionar a la violencia con violencia.

 

Sin embargo, en un intento para hacer razonable este texto que nos escandaliza por su violencia, y pone en duda la idea de un Dios bueno y misericordioso, corremos el riesgo de ocultar lo que dice el texto. El texto no quiere hablar de un acto de terrorismo o de guerrilla, que incluso si lo hubiera habido, no se lee de esta manera. El texto revela la acción de Dios que es el actor único de este evento, aunque si a través de la hammašḥîṯ. Y si viene de Dios, tiene el mismo significado, el mismo fin, de los otros signos.

Las heridas, hemos visto, son signos que revelan la presencia y la acción del Señor. Son, por tanto, los gestos de enseñanza de Dios y no gestos punitivos: a partir de ellos Israel aprende que el Señor es un salvador para él (Ex 8,19; 9,4; 11,7).

También este último signo aparece como el último acto de la pedagogía divina y en esta forma es leída por el mismo faraón. Provoca una reacción del faraón muy singular, al lado de su decisión de dejar salir al pueblo:

 

Él llamó a Moisés y a Aarón de noche y les dijo:

"Levantaos y salid de en medio de mi pueblo, vosotros y los hijos de Israel, e id a servir al Señor, como habéis dicho. Tomad también vuestras ovejas y vuestras vacas, como habéis dicho, id y bendecidme también a mí".

Ex 12,31-32

Bendecidme también a mí.

El Faraón, dentro de un hecho terrible, reconoce el acto de Dios5 que salvó a Israel de lo que en cambio destruyó a su pueblo, y reconoce a Israel como bendecido por Dios, le reconoce el papel que pertenece a quien ha sido redimido, es decir, que reza por otros, que se convierte en intercesor.

 

En medio de Egipto, que es la levadura, hay un pan sin levadura, que es Israel, un puro que manifiesta a Dios en su verdad y, por lo tanto, se convierte en una bendición para los demás, incluso para Egipto.

Daniel Attinger

 

Israel sale de Egipto, pero Egipto no es abandonado por Dios: a través de Israel, pide ser bendecido. Este es el verdadero propósito de la elección divina: ser mediador para otros de la misma salvación, del mismo conocimiento de Dios, de la bendición de Dios, del mismo amor con que envolvió al arbusto que es Israel.

 

R. Hunia también dijo en el nombre de Resh Laquis: La Comunidad de Israel dijo ante el Santo, bendito sea: "Soberano del universo, que has plagado a los egipcios en sus primogénitos, que has dado mucha amargura a sus almas, pero para mí reposa entre mis pechos (Ct 1,13). ¿Cómo? Un egipcio dijo a un israelita "Oculta a este primogénito entre tus hijos", y el israelita lo había tomado y escondido, pero el ángel vino y lo destruyó; pero para mí, reposa entre mis pechos (Ct 1,13), es decir, que está envuelto por mi amor.

Midrash sobre el Cantar de los Cantares, 1,60

 

PARA LA REFLEXIÓN Y LA ORACIÓN

 

Sugiero que volváis de nuevo a reflexionar sobre la fuerza del rito en relación con la elección del seguimiento de Cristo. Es necesario encontrar los signos rituales a través de los cuales se puede relatar la elección eterna que Dios hace de su pueblo y de la adhesión del pueblo a su Dios. Esto es importante: el ritual tiene otro lenguaje, que no es el del anuncio y no es el de la vida fraterna. Se trata de un lenguaje simbólico, eficaz, que narra a través de la fuerza del símbolo lo que la palabra no puede decir y que la historia no expresa por si sola.

El ritual nos ayuda a comprender y a redescubrir, cada vez, el significado de la salvación, la lectura de la fe de la historia, para reconocer el alto nivel de la vida.

 

Y después sugeriría quedarse en la contemplación del Cordero, de este sacrificio eterno que tiene su origen en el amor eterno de Dios por nosotros. Un sacrificio que no está motivado en primer lugar por el pecado, sino por la necesidad del amor que necesita amar, del amor que nos ha elegido definitivamente como suyos. Él es Dios para nosotros, y esto sin la necesidad u otras condiciones fuera de este amor.

Sería bueno recorrer los Evangelios, en busca de la decisión de Dios por el hombre, constantemente propuesta, proclamada y presente en la vida del Hijo, del verdadero Cordero, del verdadero primogénito, cuya muerte nos ha dado la vida.

Por supuesto, el trabajo a realizar es siempre el de ir a confrontar los textos citados y lograr una experiencia personal, sin la mediación de esta lectio que, en algún momento, se tiene que dejar a un lado.

 


 

1 En el cap 12,43ss se habla de practicar la circuncisión a los extranjeros que participaban al banquete pascual. La circuncisión es un requisito fundamental para celebrar la cena pascual de esa noche: nadie que no esté circuncidado podrá comer (Ex 12,48).

2 La disponibilidad de Isaac para dar su sangre como sacrificio, porque de hecho alguna gota de sangre de Isaac se ofreció como sacrificio, pero como dice la Génesis Rabbah: Dios mismo verá la sangre del sacrificio (Gen 22,5), es interpretado como: Dios verá que Isaac estaba listo para ser el cordero del sacrificio.

3 En la lectura hebrea de Gen 22 se subraya una doble interpretación de la respuesta de Abraham a su hijo.

Isaac se dirige a su padre Abraham y dijo: «¡Padre mío!». Respondió: «¡Heme aquí, hijo mío!». Vuelve a decir: «Aquí está el fuego y la leña, ¿pero dónde está el cordero para el sacrificio?». 8 Abraham respondió:

«Dios mismo proporcionará el cordero para el sacrificio, ¡hijo mío!».

(’ĕlōhîm yir’ệh haśśệh le‘olâh)

Y los dos juntos continuaron el camino. (Gen 22,7-8)

La frase ’ĕlōhîm yir’ệh haśśệh le‘olâh benî, se puede traducir legítimamente en dos formas: Dios verá el cordero para el sacrificio, hijo mío,

o bien:

Dios da el cordero para el sacrificio: mi hijo.

Una respuesta que deja entrever dos resultados posibles, que vienen de un Isaac consciente y que elige continuar subiendo el monte con su padre: Y se fueron los dos juntos, uno para atar y el otro para ser atado, uno para matar otro para ser matado (Bereshit Rabba, LVI, 4).

4 C. Rusconi, Le nozze dell’agnello [La boda del Cordero], Ed. Pazzini, Villa Verucchio 2008, p. 218.

5 La confrontación con el faraón inició con su pregunta: «¿Quién es el Señor para que yo escuche su voz y deje ir a Israel? No conozco al Señor ni dejo salir a Israel» (Ex 5,2). Y durante el momento de las plagas esta pregunta vuelve, porque está en el corazón, ya sea de los egipcios como de los israelitas para que puedan reconocer que Dios es el Señor: Con esto sabréis que yo soy el Señor (Ex 7,17); Para que sepáis que yo soy el Señor que está en medio del pueblo (Ex 8,18); Y sepáis que yo soy el Señor (Ex 10,2).