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Sor Ch. Elisabetta di Maria
Lectio divina sobre el libro del Éxodo – No. 2 Pesaḥ




PESAḤ

 

 Luego el Señor dijo a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto:

2 Este mes será para ustedes el mes inicial, el primero de los meses del año.

3 Digan a toda la comunidad de Israel: El diez de este mes, consíganse cada uno un animal del ganado menor, uno para cada familia.

4 Si la familia es demasiado reducida para consumir un animal entero, se unirá con la del vecino que viva más cerca de su casa. En la elección del animal tengan en cuenta, además del número de comensales, lo que cada uno come habitualmente.

5 Elijan un animal sin ningún defecto, macho y de un año; podrá ser cordero o cabrito.

6 Deberán guardarlo hasta el catorce de este mes, y a la hora del crepúsculo, lo inmolará toda la asamblea de la comunidad de Israel. 7 Después tomarán un poco de su sangre, y marcarán con ella los dos postes y el dintel de la puerta de las casas donde lo coman.

8 Y esa misma noche comerán la carne asada al fuego, con panes sin levadura y verduras amargas.

9 No la comerán cruda ni hervida, sino asada al fuego; comerán también la cabeza, las patas y las entrañas. 10 No dejarán nada para la mañana siguiente, y lo que sobre, lo quemarán al amanecer.

11 Deberán comerlo así: ceñidos con un cinturón, calzados con sandalias y con el bastón en la mano. Y lo comerán rápidamente: es la Pascua del Señor.

12 Esa noche yo pasaré por el país de Egipto para exterminar a todos sus primogénitos, tanto hombres como animales, y daré un justo escarmiento a los dioses de Egipto. Yo soy el Señor.

13 La sangre les servirá de señal para indicar las casas donde ustedes estén. Al verla, yo pasaré de largo, y así ustedes se libarán del golpe del Exterminador, cuando yo castigue al país de Egipto.

14 Este será para ustedes un día memorable y deberán solemnizarlo con una fiesta en honor del Señor. Lo celebrarán a lo largo de las generaciones como una institución perpetua.

 

15 Durante siete días ustedes comerán panes sin levadura. A partir del primer día, harán desaparecer la levadura de sus casas, porque todo el que coma pan fermentado, desde el primer día hasta el séptimo, será excluido de Israel.

16 El primer día celebrarán una asamblea litúrgica, y harán lo mismo el séptimo día. En todo este tiempo no estará permitido realizar ningún trabajo, exceptuando únicamente el que sea indispensable para preparar la comida.

17 Ustedes celebrarán la fiesta de los Ázimos, porque ese día hice salir de Egipto a los ejércitos de Israel. Observarán este día a lo largo de las generaciones como una institución perpetua.

18 En el transcurso del primer mes, desde el atardecer del día catorce hasta el atardecer del día veintiuno, comerán el pan sin levadura.

19 Durante esos siete días, no habrá levadura en sus casas, porque todo el que coma algo fermentado, sea extranjero o natural del país, será excluido de la comunidad de Israel.

20 En una palabra, no podrán comer nada fermentado; cualquiera sea el lugar donde habiten, comerán panes ácimos.

Ex 12, 15-20

 

Este texto del Éxodo, de hecho todo el capítulo 12, es el corazón de la primera sección y su importancia no necesita subrayarse.

Es difícil destacar todos los aspectos, toda la belleza y la riqueza que contiene: quizá necesitaríamos todas las lectio disponible en este año y ni siquiera serían suficientes. Sin embargo, le daré toda la atención posible y para ello visitaremos este texto dos veces.

En esta lectio veremos, en particular, la celebración de la fiesta de Pascua, su carácter de alabanza y eucarístico, mientras que la próxima vez profundizaremos ciertos aspectos del sacrificio del cordero, y la muerte de los primogénitos.

 

 

ORÍGENES

 

La novedad de la nueva era, del tiempo marcado por la libertad se caracteriza por una fiesta que reúne ritos antiguos: uno se refiere a la Pascua, Pesaḥ, el otro es la Fiesta de los Panes Ázimos, ’eṯ ḥaḡ hammaṣṣôṯ.

La Pascua y los Panes Ázimos eran ritos ancestrales que se remontaban al período nómada, y que todavía están presente en algunos pueblos nómadas que conservan la fiesta del sacrificio del cordero.

Era una práctica de las tribus semitas nómadas primitivas el consagrar al primogénito del rebaño a una deidad, reservarlo y separarlo hasta la edad de un año, darle una marca distintiva y luego ofrecerlo a la deidad durante la luna llena de la primavera.

Con este plato se preparaba una comida que reunía a los miembros del clan y a los huéspedes en una fiesta de paz y alegría.

Los palos de las tiendas se rociaban con la sangre del sacrificio para alejar a los espíritus negativos y sobre todo para defender a los primogénitos amenazados por los mismos.

Este rito reunía a la tribu en fiesta y juntos pedían protección durante sus peregrinajes en busca de nuevos pastizales: es la fiesta de la primavera de la trashumancia de los rebaños, un rito que favorecía la fecundidad del rebaño.

 

El pan ázimo, es el pan sin levadura. También ésta es una antigua tradición que se remonta a mucho antes del Éxodo, en una etapa posterior del desarrollo del pueblo, y signo de las tribus sedentarias, la transición hacia una cultura de tipo agrícola: una fiesta de los panes o de la cosecha de cereales, la cosecha con la cual se hace el pan.

A esta fiesta se participaba después de haber hecho la limpieza, al final del invierno, de la limpieza de todos los restos de la vieja levadura: los siete días de la fiesta de los panes ázimos, son los siete días necesarios para preparar la nueva levadura, que luego serviría durante todo el año para hacer pan. Era el signo de la renovación de todas las cosas hecha al inicio del nuevo año.

 

Pesaḥ

 

En el libro del Éxodo estas dos antiguas tradiciones que pertenecen al mundo nómada y al mundo agrícola, tradiciones que forman parte de la religiosidad natural, se han fusionado en una sola fiesta, dándoles un nuevo significado ligado a un evento histórico específico: a una única historia, a un solo rito, a un solo pueblo.

Estas dos antiguas fiestas se fusionaron en la fe mosaica ancestral en una única fiesta transformadas radicalmente en la celebración del Éxodo, del Dios del Éxodo, del Dios de los oprimidos, del Dios de la historia, del único Dios verdadero, que se llama ’āḏônay, el Señor.

Desde entonces la fiesta de la Pascua se refiere al único evento histórico de esa noche de la liberación, del evento que se encuentra en el cúlmine del ciclo de las heridas, la noche que hace posible la salida de Egipto y el paso del mar, cúlmine de la Pascua.

El Señor es el único responsable de este evento.

Moisés solo, y en el nombre de Dios, habla al Faraón: de la gente sólo se dice que creyó, pero no hizo nada para cumplir el sueño y no se le pidió nada más. La participación de los israelitas no existe porque Dios es el único responsable del Éxodo de su pueblo para salir de Egipto.

Parafraseando el lenguaje de la haggādâh de Pesaḥ,

Si Dios no hubiera dejado salir a nuestros antepasados ​​de Egipto, sin duda nosotros y nuestros hijos y nuestros nietos habríamos permanecido esclavizados bajo el Faraón en Egipto.

Por lo tanto, la Pascua celebra un acontecimiento histórico único e inmerecido, realizado por Dios de una vez por todas y como un acontecimiento de gracia pura.

La única participación posible es dar las gracias, bendecir, y relatar. La oración del ritual de la Pascua es la berāḵâh, la oración de bendición, es decir, alabar, agradecer, (en griego euvcaristi,a, eucharistía), quien sólo y por nosotros, una vez por todas eligió a su pueblo y le hizo libre realizando maravillas.

Pascua es la fiesta de la salvación, el relato, la haggādâh, de las maravillas que Dios realizó por su pueblo. Por tanto, una fiesta que ya no tiene un carácter propiciatorio, sino un carácter de alabanza, de acción de gracias y de fiesta: la cena de Pascua es la berāḵâh, es decir la oración de alabanza, la berāḵâh Pascual.

 

Por lo tanto, es nuestro deber honrar, alabar, celebrar, glorificar, exaltar, dar homenaje, aclamar, a quien hizo por nuestros padres y por nosotros, todas estas maravillas, que nos sacó de la esclavitud hacia la libertad, de la sujeción a la redención, de la tristeza a la alegría, del luto a la celebración, de las tinieblas a su luz admirable. Así que digamos delante de él: ¡Aleluya!

(Seder Pascual – Segunda copa de vino)


LOS ÁZIMOS

 

También la fiesta de los panes ázimos adquiere novedad en la noche de Pascua, una novedad, que, prácticamente, luego se convierte en la única forma que la tradición judía transmite de generación en generación.

La levadura, el ḥāmēṣ (polvo) que infla, de acuerdo con las enseñanzas del Talmud y del misticismo judío, representa la vanidad, el orgullo, el enaltecer el yo. El orgullo y la arrogancia de la cual Egipto es un símbolo, y son lugares de donde Dios toma distancia, y son también para la gente de Israel substancias de las cuales uno se tiene que liberar por completo durante la Pesaḥ:

Él (el arrogante) y yo no podemos vivir en el mismo mundo.

Talmud

 

Para poder entrar en el espíritu de la fiesta de Pesaḥ, es necesario quitar todos los residuos de ḥāmēṣ de la propia casa como una señal de que se desea eliminarla de la vida y de sí mismo lo que quiere decir ḥāmēṣ.

El Talmud crea la obligación de buscar el ḥāmēṣ en la noche con la luz de una vela y con este versículo del libro de Proverbios: Luz del Señor es el alma del hombre, examina todas las habitaciones ocultas de su ser más profundo. (Prov 20,27)

Entonces, hay que buscar el ḥāmēṣ en el corazón:

 

Sacar a la luz nuestro ḥāmēṣ, es decir toda idolatría que habita en nosotros, para que el Señor en esta noche santa pase, nos arrastre con él y así nos dé la fuerza para renunciar a ello: este es el significado más profundo de la preparación para la Pascua.

Rabino Pinchas de Korets

 

El éxodo, como una nueva creación, se presenta como una obra de separación entre Israel y Egipto, evocado por el acto de deshacerse del ḥāmēṣ de toda casa. Egipto desaparece, tal como la levadura, desde el horizonte de Israel. Israel es el pan ázimo, Egipto es la levadura, metáfora del orgullo y de la vanidad. Mientras la mazzâh, el pan sin levadura, por su forma delgada, su friabilidad, simboliza la modestia, la humildad y la sumisión, entonces el exacto opuesto de ḥāmēṣ. La levadura hincha, monta, como Egipto, que se hinchaba de orgullo y, por tanto, esto se tiene que suprimir. El pan ázimo representa a Israel, lo califica como moralmente puro, siempre capaz de encontrar su pureza a través de la entrega de sí mismo a Dios en la alabanza y en el sacrificio, en la observancia de sus mandamientos.

La Fiesta de los Panes Ázimos es el signo de una nueva era: se comienza de nuevo con lo puro que sale de lo impuro. Por esto, el texto hace hincapié en que la fiesta comienza con una asamblea santa, en la que todos tienen que tratar de tener un estado de pureza legal.

Celebrar la fiesta de Pesaḥ, la semana de los panes ázimos, en un estado de pureza legal es una evocación del shabbat final, el último, en el que todos estaremos ante la intimidad de Dios en la pureza y en la verdad del hombre así como Dios quería, un shabbat que no tiene fin.

 

Bendito seas, Señor, Dios nuestro, rey del mundo que nos ha redimido, redimido a nuestros padres de Egipto, y que nos has hecho llegar a esta noche para comer pan sin levadura y hierbas amargas. Así que, Señor, nuestro Dios y Dios de nuestros padres, haznos alcanzar con salud a otras fiestas futuras, a días solemnes, alegres por la restauración de tu ciudad y felices en tu culto; ahí comeremos de los sacrificios de los corderos pascuales, cuya sangre será, con tu aprobación, rociada en las paredes de tu altar, y ofreceremos un canto nuevo por nuestra redención y por nuestro rescate; Bendito eres Tú, Señor, Redentor de Israel

(Seder Pascal - Segunda copa de vino)

 

Los días de los panes ázimos son los días en los que la casa se purifica de cualquier rastro de levadura, y esto representa la purificación del corazón y de la mente, necesaria para poder celebrar la fiesta:

 

Haced desaparecer la vieja levadura,

para convertiros en pasta nueva,

porque sois ázimos.

De hecho, en nuestra Pascua, Cristo, ha sido sacrificado.

Así que hagamos fiesta, no con la vieja levadura,

ni con la levadura de malicia y de maldad,

sino con ázimos de sinceridad y de verdad.

1 Cor 5,7-8

 

El evangelista Marcos coloca precisamente en la víspera de la fiesta de los panes ázimos, la decisión de poner a muerte a Jesús:

 

Era la Pascua y la fiesta de los panes ázimos después de dos días, y los jefes de los sacerdotes y los escribas buscaban cómo arrestarlo con un engaño para matarlo.

Mc 14,1

 

Con un engaño, evn do,lw|, ĕn dólō, una palabra que encontramos en el capítulo siete de Marcos, en la lista de lo que contamina al hombre, de lo que sale de su corazón.

 

Desde el interior, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, maldades, engaños (do,loj: dólos), la lujuria, la envidia, la blasfemia, el orgullo y la necedad. Todas estas maldades salen de adentro del hombre, y contaminan al hombre. Mc 7,21-23

 

Vuelven impuros sus corazones y sus vidas haciéndoles actuar con engaño, justo en el momento de la búsqueda de la pureza legal, y para salvar la Tôrâh, violan la misma ley que prohíbe la pena de muerte en los días festivos y los sábados, y para salvar a la nación condenan al Hijo donado para la salvación del mundo.


SALIR BAILANDO: EL SIGNIFICADO DE Pesaḥ

 

El texto, por lo tanto, anuncia el fijar el ritual de la Pascua, el hebreo Pesaḥ. Se dan diversos significados a esta palabra.

Podemos identificar tres:

 

El primero está relacionado con el verbo pāsaḥ (son las mismas consonantes con otras vocales), que significa ir más allá:

La sangre en las casas donde estaréis servirá de señal en vuestro favor. Veré la sangre y pasaré más allá de vosotros; no habrá entre vosotros plagas del exterminio cuando hiera la tierra de Egipto.

Ex 12,13

 

El sacrificio del cordero pascual recuerda que en esa ocasión, Dios pasó más allá de las casas de los judíos para no exterminar a los primogénitos que estaban en esa casa.

El segundo significado del verbo al que se refiere el término Pesaḥ está en Isaías 31,4-5:

Como ruge por su presa el león o el leoncillo, cuando se enfrenta ante un grupo de pastores, y no se asusta por sus gritos ni se perturba por el ruido, así bajará el Señor de los ejércitos a pelear sobre el monte Sión y sobre sus colinas.

Como las aves que vuelan, así el Señor de los ejércitos protegerá a Jerusalén; la protegerá, y ella será salva, la rescatará y será puesta en libertad.

 

Tenemos la misma raíz, pero en el tiempo de Isaías la palabra adquirió un significado en el uso general: rescatar.

Con esta conexión entre Pesaḥ y pāsaḥ - rescatar, se dice que el cordero pascual recordó y recuerda a Israel que en ese día el exterminador pasó más allá y rescató a las casas de los israelitas y a sus primogénitos, reconociéndolos gracias a la sangre del cordero sobre los dinteles de las puertas. Es la Pascua del Señor, es decir, es el paso del Señor que saltará las casas de los judíos en la noche de la gran masacre, salvará a los primogénitos judíos en la noche de la gran masacre.

 

Pero el significado primario del verbo, en su raíz lingüística, es el que se basa en la danza: significa moverse sobre un pie, es decir, saltar. La danza primitiva que ritmaba el caminar del rebaño en busca de los pastos de primavera se convierte en la mímica del Éxodo de Egipto, el inicio de todo un pueblo hacia la tierra de la libertad:

 

El verbo, ante todo, significa: moverse sobre un pie, es decir, saltar, y se puede suponer que en la antigua fiesta de los nómadas se realizase un baile saltando, tal vez de niños con máscaras de cabras. Por otra parte la palabra ḥaḡ, fiesta, significa en realidad danza circular.

El canto será para vosotros como la noche en que se consagra la fiesta dice Isaías (30,29) con respecto al juicio inminente de ’āḏônay sobre los asirios, usando la imagen del juicio de Pesaḥ contra Egipto1. Significa que se realiza una danza sagrada en círculo. Significa, evidentemente, imitar un juego en el que la antigua danza circular de los pastores se ha transformado. Y así lo comeréis con el cinturón en los flancos, con las sandalias en los pies, con el bastón en la mano; lo comeréis con prisa. Esta es la ceremonia de Pascua en honor del Señor (Ex 12,11).

De la Fiesta de Pesaḥ se dijo, con razón, que se había representado el Éxodo. Y tal vez se añadió un movimiento rítmico de los que estaban sentados alrededor de la mesa. Pero este nuevo carácter mímico podría haberse ya dado en el mismo momento histórico. Hay danzas de guerra en que se muestra el resultado deseado y se repite hasta que la mímica se vuelve realidad; por lo que se puede pensar que una representación simbólica del Éxodo se haya transformado en una verdadera salida.

Martin Buber2

 

Es como en el rito antiguo de los niños con máscaras de corderos y cabras que bailaban imitando a los rebaños en búsqueda de nuevos pastos, por lo que al ritmo de la fiesta y de la danza las familias salían de las casas de Egipto, dejando atrás la esclavitud, para aprender a ser libres.

 

Los años de la esclavitud han debilitado los lazos entre las diversas tribus, el recuerdo de las tradiciones a las que pertenecían se difuminan, la vida moral y la fe han aprendido a convivir con una cultura extranjera y politeísta (cfr. Ez 20,7 y 23,8): a través de la institución de esta fiesta, de este rito, Moisés guía a un grupo de tribus seminómadas, esclavas por 400 años, a una tierra de libertad, y las lleva como un pueblo adquirido por Dios, como un nosotros, un pueblo ligado por fuertes lazos de identidad.

Para poder encontrar una unidad como sentimiento, una unidad en el camino y en el destino, en la disponibilidad y en la voluntad, fue necesaria una acción simbólica común, un lenguaje ritual en el que uno pueda encontrar, acción, un ritual que renueva ante lo divino, al interno de una acción divina, el pacto entre las tribus y Dios, en los signos de las antiguas tradiciones y ya conocidos y reconocidos.

Y así, los gestos que eran de unos, se convierten en los gestos de todos.

Cada familia escoge un cordero, cada familia lo mata, cada familia lo cocina, en cada hogar se consume, cada uno en su propia casa, de forma rápida, con los flancos ceñidos, el bastón en la mano.

Todos comen al mismo tiempo una sola comida. Todos rocían los dinteles con la sangre del cordero, una señal a través de la cual todas las familias se consagran a Dios y rescatan al primogénito que pertenece a Dios.

Un gesto común tan natural como comer, y con la participación a este signo, se considera un acto de comunión y, como tal, dedicado a Dios. Es por él que todo esto sucede, se come, se baila, se va.

La fiesta de los pastores se convierte en la fiesta del pueblo, quedando como celebración familiar. Las familias como tales, ahora se fusionan en comunidad nacional, en el nosotros de un pueblo, son los portadores de la celebración sagrada, de hecho son el lugar donde la presencia del Santo se manifiesta.

En el Sinaí, lo que ahora sucede en la multiplicidad, se realizará bajo forma de unidad.


LOS ALTARES DE EGIPTO

 

El pensamiento rabínico hace hincapié en que el texto del éxodo de la Pascua contiene al interno una pregunta fundamental: ¿nos encontramos ante un sacrificio pascual o ante una normal comida de familia?

No hay ninguna indicación en el hecho de que se refiera a un sacrificio, como el de Noé, Caín y Abel, el de Abraham, de Jacob, como los realizados en el templo, sino simplemente se ordena al pueblo tomar un cordero, matarlo y comerlo: no hay altar, ninguna ofrenda y luego, si no se ofrece algo, no existe el sacrificio3. Parece que todo se resuelve en la reunión de una fiesta familiar.

Pero, ayudados por la lectura judía del texto descubrimos que la Pascua en la tierra de Egipto tiene su propio sacrificio, tiene su altar, tiene su santo templo.

El sacrificio es el cordero:

- Tu cordero será macho y sin defectos (Ex 12,5) es una petición típica en el ámbito de los sacrificios.

- No dejarás nada para la mañana siguiente; si queda algo a la mañana siguiente lo quemarás (Ex 12,10). La prohibición de no dejar nada para el día siguiente, y quemar lo que queda viene de la ley de los sacrificios y no puede simplemente estar relacionada con una fiesta familiar.

- No lo comeréis ni crudo, ni cocido en agua, sino solamente asado al fuego con la cabeza, las piernas, las entrañas, una expresión que aparece de nuevo sólo una vez en la Toráh, en las leyes relativas al sacrificio por el pecado (Lev 4,11).

 

El altar son las casas de los hijos de Israel:

- Luego tomaréis un manojo de hisopo, y lo mojaréis en la sangre que está en la vasija y rociaréis el dintel y los dos marcos con la sangre que está en la vasija.

Palabras y gestos similares a lo que está escrito en Lev 9,9 sobre el servicio de la sangre realizado en la Tienda del Encuentro, el octavo día de su consagración.

Los israelitas no tienen altares en Egipto, pero la sangre marca los dinteles y los marcos de las puertas (Ex 12,7), como si fuesen los cuernos del altar:

El Rabino Joseph enseña: había tres altares en Egipto; el dintel de los dos marcos de las puertas. Pesaḥim 96a

La casa en la que se come el cordero es una sustitución del altar sobre el cual se ofrecían generalmente los sacrificios.

Y así como en el altar la carne no se retira hasta que se haya consumido toda, así también el cordero se quedará en la casa hasta la mañana siguiente (Ex 12,46).

Y así como está prohibida la levadura, como no se puede ofrecer ninguna sustancia con levadura encima del altar (Lev 2,11), así, de la misma manera, Dios prohíbe la presencia de la levadura en la casa, el altar en Egipto (Ex 12, 15).

Y así como en muchos textos se ofrece la carne del sacrificio y se come junto con pan ázimo (Lev 2,4-5; 6,9; 7,12; 8,2, etc.), así también el cordero se come con pan sin levadura y hierbas amargas en los hogares que se convierten en altares.

Así, el altar significa lugar seguro, protección del daño y de la violencia: se encuentra asilo en el altar, la garantía de la justicia que viene de Dios (cf. 1 Re 1,50ss y 2,28ss.)4. La casa, como el altar, protege a sus habitantes de la plaga que ataca a la nación egipcia.

Si la casa es un altar, ésta se transforma en una tierra divina.

La casa-altar ya no es simplemente una propiedad humana, sino que se convierte en una tierra que pertenece al altísimo.

Por esto el ángel destructor no puede penetrar sus paredes (Ex 12,22-23). La casa se ha convertido en un altar y los residentes consuman el sacrificio a través de su participación en la comida, el banquete festivo. Este ritual asigna un estatuto único de santidad a la casa y el que deja este territorio de santidad, que deja su casa, se expone al peligro de la destrucción.

 

Se recuerda la primera palabra que Dios dijo a Moisés en la zarza ardiente, una palabra que sugiere algo extraordinario:

 

El sitio en el que estás parado, es una tierra santa (Ex 3,5).

kî hammāqôm ’ăšer ’attâ’ ‘ômēḏ ‘ālāyw ’aḏmaṯ qoḏeš hû’

 

Por lo general, y con razón, lo entendemos, como un carácter sagrado ligado a la presencia de Dios en la zarza, pero el texto también podría entenderse como: el lugar donde , Moisés, te encuentras, es tierra santa5.

Es santo porque tú estás ahí, porque yo he hecho esto en ti: una tierra santa.

Y quitarse las sandalias es precisamente ser parte, tomar, recibir, ser una sola cosa con esta santidad sin filtros, sin mediaciones.

Y también así lo es para las casas de Israel: tierras de santidad.

El cordero es un sacrificio, la casa es un altar, su gente es el templo de Dios.

Hay una ley de santidad con relación al cordero, y al lugar donde se come. Y por último, un estatuto de sacralidad, de santidad para los que participan en el sacrificio pascual, una participación que los consagra a Dios. En el rito Pascual el pueblo dedica su ser a Dios, y con esto renueva su alianza.

Y siempre ha sido así: Pascua es el evento al cual volver para encontrar la fuente del propio compromiso con Dios, la conciencia de ser parte de su pueblo, de ser objeto de la acción de su salvación y celebrarlo, marca todos los pasos importantes de la historia.

Así es, en el libro de Josué, que cuenta la primera Pascua en la tierra de Israel:

 

Los israelitas acamparon en Gállala, y celebraron la Pascua el día catorce del mes por la tarde, en los llanos de Jericó. El día después de la Pascua comieron del fruto de la tierra, panes ázimos y grano tostado el mismo día. Y a partir del día siguiente, cuando acabaron de comer el fruto de la tierra, el maná cesó. Israel ya no tuvo maná; ese año comieron los frutos de la tierra de Canaán.

Jo 5,10-12

 

Celebrar la Pascua establece el pasaje que termina el viaje a través del desierto e introduce a los hijos de Israel en una nueva era en una nueva residencia en la tierra de Israel: cuando se terminó el maná, por primera vez, el pueblo comió el grano de la tierra de Israel. Durante los años de su existencia nómada fueron sostenidos por el milagro del maná: a partir de ese momento van a tener que arar, sembrar, cosechar.

La celebración de la Pascua marca esta transición histórica de pueblo nómada en el desierto a pueblo residente de una patria independiente: en el rito y en su lenguaje, Israel asume una nueva identidad ante Dios.

 

De nuevo, en el segundo libro de Crónicas, el rey de Judá, Ezequías anuncia una celebración de la Pascua en Jerusalén como parte de su labor de renovación del Templo, purificado de toda contaminación anterior. Como parte del proceso de renovación nacional y religiosa el rey ordenó que toda la nación tenía que ir al templo para el sacrificio de la Pascua (2Cro 30,15ss.).

 

En el rito de la Pascua el pueblo dedica nuevamente la propia persona a Dios, anuncia y demuestra que se hace disponible a la novedad que viene de Él.

Y también el rey Josías para dar significado y testimonio de su renovada adhesión a la Toráh del Señor, convoca a todo su pueblo para el sacrificio de la Pascua, una Pascua extraordinaria, nunca antes vivida así:

 

Desde la época del profeta Samuel no se había celebrado una Pascua semejante en Israel; ninguno de los reyes de Israel habían celebrado una Pascua como ésta celebrada por Josías junto con los sacerdotes, los levitas, y todos los presentes de Judá e de Israel, y con los habitantes de Jerusalén.

2Cr 35,18

 

Una vez más en el signo del sacrificio pascual, los israelitas se declaran como pueblo de Dios (2Cro 35,1ss): se convierten en uno solo cuando se dedican a Él.

 

En la tierra de Egipto, los israelitas consumen la comida de la ofrenda en el lugar del altar, en sus casas hechas de tierra santa, y por lo tanto, dicen los rabinos, se transforman en Šeḵînâh, el lugar de la presencia de Dios.

Es una transformación, pero también es un descubrimiento, un reconocimiento de lo que es la verdadera alma de este pueblo.


DEVOLVER EL RITO A LA VIDA

 

Tenemos que volver a dar el rito a la vida, lo que significa ser capaz de relatarla en el lenguaje ritual donde la realidad se coloca en la dimensión de lo divino, donde se le da un origen, donde se encuentra en una dirección, la dirección de los que esperan el reino de Dios y se preparan para darle la bienvenida.

El ritual nos devuelve esa identidad que tenemos ante Dios, como individuos y como comunidad: se convierte en el lugar donde nos reunimos en la realidad que somos, en esa verdad que emerge sólo ante Dios, y que viene de Él. A través del rito vemos la realidad de Dios, recogemos el delgado hilo de esperanza que pasa a través de ella, el misterio que vive, el mañana al cual está destinada, la vida a la que pertenece.

El rito, la liturgia son esenciales para poder ser un solo cuerpo, el lugar donde encontrar una Presencia que es diferente de mí, de nosotros, y que se queda con nosotros a través de todos los acontecimientos de la vida y de la historia y que da sentido a lo que vivimos.

Es necesario redescubrir los días de fiesta, la fiesta de los días, celebrar los pasajes importantes de nuestras vidas ante Dios, para reconocerlos, para poder decirle en el lenguaje simbólico de los signos, hecho de olores, cantos, silencios, escucha y participación, de presencia y de la Presencia, de la cual se hace la liturgia.

Necesitamos volver a encontrar, ante Dios, nuestro sí, nuestra elección a él, nuestro seguimiento, como individuos y como comunidad. No es la historia la que nos dan las razones de la elección a Dios, sino que es la escucha profunda de lo que viene de Él, de la Palabra que está más allá de la historia y que nos hace colocar gestos proféticos dentro la historia:

Erigir, como Abraham, un altar en una tierra extranjera y ocupada, y llamarla casa de Dios, soñar con una tierra que ve un Jacob fugitivo, solo, asustado, frágil, y saber que no hay lugar que pueda contener a Dios, sino que Dios es el lugar del mundo; comer una comida festiva que anuncia la libertad en una tierra en la que seguimos siendo esclavos, dar los primeros pasos que son danza, después de aquellos que han cruzado el mar, en una tierra que sigue siendo sólo desierto, pero es camino a la tierra prometida.

 

Para la reflexión y la oración:

 

Si optamos por seguir el texto del libro del Éxodo significa que hemos elegido entrar en la experiencia de la que este texto es testigo: entonces es necesario entrar y medirnos con el significado de la Pesaḥ y de los panes ázimos:

 

1) Celebrar la Pascua quiere decir entrar en la acción de gracias y en la alabanza, para reconocer lo que Dios ha hecho y hace por nosotros y, a menudo a pesar de nosotros.

Podemos entrar en la alabanza utilizando también los textos litúrgicos de la vigilia de Pascua, los prefacios, las oraciones colectas, las oraciones de la liturgia del tiempo de Pascua.

Un hermoso texto que nos puede ayudar a orar es la oración de Nišmaṯ que se reza después de los salmos de Hallel en el haggādâh de Pesaḥ. También se podría reemplazar, en totalidad o en parte, con la oración de intercesión de las vísperas en el día de retiro, rezándola todas juntas o en sus secciones con varios lectores:

 

El alma de todo viviente bendiga tu nombre, oh Señor Dios nuestro,

y el espíritu de toda criatura glorifique y exalte tu memoria continuamente, oh nuestro Rey.

Por la eternidad, tú eres Dios y fuera de ti no tenemos rey,

Redentor, Salvador, redímenos, libéranos, escúchanos

y ten piedad de nosotros en todo momento de angustia y de dificultad;

no tenemos rey que nos ayude y nos salve, sino solamente Tú.

 

Oh Dios del principio y del fin, Dios de todas las criaturas,

Señor de todos los seres, digno de alabanza ilimitada,

que gobiernas al mundo con bondad y a sus criaturas con misericordia;

Señor siempre alerta, que no duermes,

sino que, despiertas a quien duerme y levantas a los que sueñan,

resucitas a los muertos, sanas a los enfermos, das vista a los ciegos, enderezas a los que se curvan,

das la palabra a los mudos, sacas a la luz las cosas más ocultas. ¡Te alabamos sólo a ti!

 

Aunque si nuestra boca estuviera llena de himnos como el mar está lleno de agua,

nuestra lengua de canciones como numerosos son las olas,

nuestros labios de alabanzas como extendido es el firmamento,

nuestros ojos brillantes como el sol y la luna,

nuestros brazos extendidos como las alas de las águilas del cielo, y nuestros pies veloces como los ciervos, no podríamos darte gracias, Señor Dios nuestro,

y bendecir tu nombre, oh nuestro Rey, por uno de los miles y millones de beneficios, milagros y prodigios que has hecho por nosotros y por nuestros antepasados ​​a lo largo de nuestra historia:

nos has liberado de Egipto, oh Señor nuestro Dios, de la condición de esclavos nos has redimido,

en la carestía nos has dado alimento, con abundancia has visto por nosotros,

nos has salvado de la espada, preservado de la peste,

y nos has hecho inmunes de graves y numerosas enfermedades;

hasta este punto, nos llega tu misericordia y no nos abandona tu bondad;

por lo tanto, los miembros que has distribuido entre nosotros, el aliento y el respiro que nos has dado,

la lengua que nos has puesto en la boca, te da gracias, bendice, alaba, exalta, canta tu nombre, oh nuestro Rey, por siempre, porque toda boca debe darte gracias

y toda lengua debe alabarte, todo ojo debe mirarte

y toda rodilla debe doblarse ante ti:

toda persona erguida debe postrarse ante ti.

 

Todos los corazones deben temerte; todo ser tiene que cantar alabanzas a tu nombre,

como se dice: "Todos mis huesos repetirán: Señor, ¿quién es como tú?

Salvas al miserable de quien es demasiado fuerte para él, y al pobre y afligido de quien quiere vencerle" (Sal 35,10).

 

Escuchas los gemidos de los pobres, el grito de los pobres, escuchas y salvas,

como se dice: "Cantad, oh justos, al Señor:

los rectos de corazón son dignos de alabanza" (Salmo 33,1).

 

Una hermosa experiencia que recomiendo, es organizar un encuentro, solamente espiritual, dedicado únicamente a soñar, a compartir lo que el Señor ha hecho y realiza en el Instituto, tratando de identificar los signos de su presencia, las sugerencias del Espíritu que nos llama a seguir nuevos caminos, a leer los signos de los tiempos.

 

2) Celebrando la fiesta de los Ázimos significa tirar la vieja levadura, separarnos de lo que impide la vida, su crecimiento, su madurez.

Sería importante poder decir, primero a sí mismos y luego también juntos, aquello de lo que es necesario separarse con el fin de tener la libertad para responder al Señor, como individuos y como fraternidad.

Con frecuencia, llevamos pesos demasiado intolerables, recuerdos de muerte, decepciones, conflictos no resueltos, celos y ambiciones, sutiles egoísmos que nos impiden la vida, a nosotros mismos y a los demás y que nos devoran dentro como gangrena.

Es necesario y urgente dejar a un lado estos pesos, encontrar la fuerza para dar y pedir perdón, despojarnos de lo que escondemos como riqueza para volver a encontrar la disponibilidad total a Dios y a los demás.

 

Propongo hacer esto especialmente en el contexto de una celebración, incluso antes que en una reunión. Una celebración en la que se da un nombre y se separa todo de la levadura, de lo que es el hombre viejo, de lo que es vino viejo, de lo que falta, de lo que está perdido, que es dureza de corazón, que es ilusión y engaño, que es tristeza y muerte. Y, al mismo tiempo, identificar y dar nombre a lo que hoy para nosotros es esperanza, aire puro y transparente, es confianza, lo que nos hace crecer, lo que abre nuestra disponibilidad, lo que nos hace bajar las armas y nos pone en marcha.

 

Por ejemplo:

 

Se puede comenzar una celebración de Vísperas con la petición de perdón, en el coro del Kyrie eleison, utilizar una de las siguientes formas (sería bueno buscar vuestras palabras: estas son sólo un ejemplo):

 

por toda la dureza de corazón,

por toda intransigencia,

por toda intolerancia, Kyrie Eleison

 

por todo límite impuesto,

por toda fragilidad no aceptada,

por toda riqueza conservada, Kyrie Eleison

 

por todo escape en la mentira,

por toda morada de mentira;

por todo silencio escondiendo la verdad, Kyrie Eleison

 

cuando escogemos la muerte,

cuando nos detenemos,

cuando ya no esperamos, Kyrie Eleison

 

cuando no damos la bienvenida al nuevo

cuando ya no caminamos

cuando no queremos crecer, Kyrie Eleison

 

Oremos,

Oh Dios, verdadera luz de nuestra conciencia, sólo en ti sabemos lo que es bueno;

tu Espíritu nos libre de la noche oscura del mal en la que nadie puede trabajar,

para que andemos como hijos de la luz siguiendo los pasos de tu Cristo.

Él es Dios y vive y reina contigo...,

(Misal Romano, Oración Colecta, ferial del tiempo ordinario, Colecta 17)

 

Se continúa con el himno y con los salmos de Vísperas

Podemos elegir una lectura adecuada

Un canto responsorial y el Magníficat

En las intercesiones se puede invocar al Espíritu, con oraciones escritas por todas, en las que se identifiquen los caminos de vida y de liberación, o con otros textos como el siguiente, o con la adaptación de las palabras del Papa Francisco: Veni Sancte Spiritus

 

Espíritu del Señor ven sobre nosotros, transforma nuestro corazón y toma poseso.

Quema nuestros miedos, funde nuestras resistencias, danos la capacidad de ser justos con nosotros mismos y con los demás, para reconocer y aceptar todas las exigencias de la verdad.

 

Haz que no permanecemos prisioneros de la nostalgia y del recuerdo del pasado, sino que nos abramos con fortaleza serena a las sorpresas de Dios.

Danos fidelidad hacia este humilde presente en el cual nos has puesto,

para redimir contigo y en Ti, nuestro hoy, y volverlo en el hoy del Eterno...

 

Santificador del Tiempo

ayúdanos a hacer de nuestro camino el lugar del Adviento;

donde ya se asoma en los gestos de amor y de entrega de la fe, el amanecer del reino,

prometido y esperado en la esperanza.

¡Amén! ¡Aleluya!

(Bruno Forte)

 

Oración final

Padre Santo y misericordioso, que siempre llamas a tus hijos con la fuerza y ​​la dulzura del amor, rompe la dureza de nuestro orgullo y crea en nosotros un corazón nuevo,

capaz de escuchar tu palabra y acoger el don de la vida en tu Hijo.

Él es Dios y vive y reina contigo...,



1 El versículo de Isaías, como parte de la intervención de Dios en favor de su pueblo contra Asiria, contra la cual pelea con la mano levantada, con tambores y liras (Is 30,32), vale la pena leerlo en su totalidad: Vuestro canto resuena como la noche en que se celebra la fiesta; la alegría del corazón será como cuando se camina al son de la música para dirigirse al monte del Señor, al Fuerte de Israel.

2 M. Buber, Moisés, Marietti, Génova 2000, pag. 65-66.

3 Por supuesto, este relato, se refiere únicamente a la Pascua vivida por el pueblo de Israel en Egipto, porque en Deut 16 en realidad las prescripciones están relacionadas con el sacrificio.

 

4 En Ex 21,14 este privilegio no se permite a los que han cometido un asesinato premeditado. Aparte de este caso, el altar ofrece un asilo para el culpable.

5 Esta interpretación, que de hecho se puede deducir del texto, la compartió una de las hermanas, y que, por desgracia, no recuerdo el nombre, durante la semana de los ejercicios que hicimos en Pésaro. Os la regreso con agradecimiento, así como la recibí; una palabra fecunda que me abrió nuevas y hermosas puertas en el ser discípulo y en la relación con los demás.