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Sor Ch. Elisabetta di Maria
Lectio divina sobre el libro del Éxodo – no. 1/ El principio de los meses




ESTE MES (SERÁ) PARA VOSOTROS EL PRINCIPIO DE LOS MESES




INTRODUCCIÓN

 

Tenemos la oportunidad en esta lectio de conocer valores y oraciones, liturgias y fiestas relacionadas con el judaísmo: hagamos tesoro de esto para capturar aún más profundamente nuestra liturgia cristiana de la Pascua y nuestro seguimiento del Señor, de acuerdo con los aspectos del judaísmo que tiene el don de hacer hincapié en manera especial y propia.

Un buen discípulo es aquel que sabe sacar de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.

En cuanto a nuestra relación con las Escrituras y con la tradición judía, con el pueblo que ha tenido en custodia la Ley por nosotros y con la Alianza, es necesario siempre tener una actitud que complementa y enriquece, que captura las raíces y al mismo tiempo la novedad de la fe, con la certeza de no poder captar toda la riqueza del Nuevo Testamento, sin pasar por las Escrituras antiguas:

 

Creo que la Biblia es como un gran violonchelo que tiene cuatro cuerdas que realizan las melodías y las cuatro cuerdas son los cuatro evangelios.

Pero si reduzco el violonchelo a cuatro cuerdas no se oye mucho: se necesita la caja de resonancia que da a este sonido todo su esplendor, color y calor.

El Antiguo Testamento es esta caja de resonancia que permite al Evangelio vibrar como deberían.

Y en la relación del uno con el otro en forma eficaz se puede escuchar la melodía que se contiene en el canto del hijo amado.

Daniel Attinger


LAS LLAVES DEL TIEMPO

 

El Señor dijo a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto:

este mes será para vosotros el principio de los meses;

será para vosotros el principio de los meses del año.

Ex 12,1-2

 

El primer mandamiento, la primera declaración de Dios que inaugura la libertad de su pueblo, es un mandamiento sobre el tiempo. Dios da a Israel las llaves del tiempo, a un pueblo esclavizado cuyo tiempo pertenece al dueño. Dios da la libertad para determinar el propio tiempo, los días para encontrarse como pueblo, la libertad para determinar los días de trabajo, los días de descanso.

La libertad para determinar los días del encuentro con el Dios que los salvó, para reconocer en el tiempo lo que les ha hecho libres, un tiempo para conmemorar su historia.

Un mandamiento, una ley, que define un calendario, que establece una forma de concebir el tiempo de acuerdo con el ritmo del tiempo del Divino.

 

Este mandamiento es el primer mandamiento verdadero que los israelitas recibieron como nación y es tan importante que el exégeta judío de la Edad Media, Rashi, en sus comentarios de apertura al Pentateuco dice que estos versículos deberían de haber sido los primeros versículos de toda la Tôrâh, ya que la función primordial de la Tôrâh, es presentar un sistema de leyes en Israel.

En verdad este versículo abre el mundo entero de la Tôrâh, la noción misma de mandamiento.


NEW MOON (LUNA NUEVA)

 

Rashi dice que desde que Moisés no podía entender lo que el Señor quería decir con este mandamiento, Dios inventó un nuevo método de enseñanza, como se hace con los niños que tienen dificultades para aprender. Le lleva fuera, a ver el atardecer de ese día y le muestra la luna, visible en su primera fase, diciéndole que cuando vea así la luna, consagrará ese día, consagrará el principio del mes:

Dios le mostró a Moisés la luna cuando se estaba renovando y dijo: cuando se renueve la luna, será para vosotros el comienzo del mes. Un texto nunca pierde su sentido literal. Dios se estaba refiriendo al mes de Nissan: este mes marcará el comienzo del cálculo de los meses. Moisés estaba incierto sobre el momento exacto en que la luna nueva empieza, es decir, cómo sería visible antes de tener que ser consagrada en el cielo, diciéndole: "cuando lo ves en esta etapa consagra el nuevo mes".

 

El judaísmo celebra la Creación del mundo el día de rô’š hāššānâh, el Año Nuevo judío que se celebra el primer día del mes de Tišri1.

La segunda Creación del mundo, el Éxodo de Egipto, comienza con el mandamiento de administrar el tiempo, la promulgación del mes-inicio según el cual se establece el calendario2.

 

       El pensamiento judío nos enseña que hay una gran fuerza espiritual en este mandamiento. Para entenderla tenemos que regresar al texto del Génesis, al momento de la creación de las estrellas en el cuarto día, especialmente importante en la secuencia de los días de la creación:

 

Una vez más Dios dijo:

"Que haya luces en el firmamento de los cielos,

para separar el día de la noche;

que sean signos para las fiestas, los días y los años,

y sean lámparas en el firmamento de los cielos para brillar sobre la tierra".

Y así sucedió.

Dios hizo las dos luces mayores, la luz grande para gobernar el día,

y la luz pequeña para gobernar la noche, y las estrellas.

Y Dios las puso en el firmamento del cielo para brillar sobre la tierra,

para regir el día y la noche, y para separar la luz de la oscuridad.


Y vio Dios que era bueno.

Y atardeció y amaneció: cuarto día.

Gen 1,14-19

 

Dentro de la organización de los siete días de la semana de la Creación, este día se manifiesta con una anomalía aparente.

Se dice que el primer día Dios creó la luz.

Sólo en el cuarto día Dios creó el sol y la luna.

Cuando el primer día Dios crea la luz, crea el tiempo cósmico, tiempo indefinido e indistinto que es una simple alternancia del día y de la noche y eso es todo.

El sol y la luna son posteriores para indicar que tienen una función diferente, no simplemente la alternancia indefinida y cósmica, sino, como dice el texto: "Que sirvan para marcar las fiestas, los días y los años".

Con ellos el tempo ya no es el tiempo cósmico indistinto, sino el principio y luego la transformación del tiempo cósmico en el tiempo histórico.

Con el sol y la luna se pueden contar los meses, los años, podemos distinguir las estaciones, los días de fiesta, un día del otro, un tiempo del otro.

Viendo la luna sabemos cuándo es hora de sembrar o cosechar, y, sobre todo, mirando a la luna sabemos cuándo que es hora de celebrar las fiestas.

Las estrellas en el cuarto día son el comienzo del tiempo humano y este tiempo humano es el tiempo litúrgico, porque es el tiempo que pone en relación al hombre con Dios a través de los días de fiesta.

Dios crea el espacio que acogerá al hombre, y crea el tiempo para celebrar su reunión con él.

Crear el encuentro festivo entre él y el hombre, el día para recordar el amor.

Por esta razón, y sólo después de la creación de las estrellas, y por lo tanto, sólo después de que el tiempo se volvió humano, existen los días de la creación de la vida y entonces del hombre como la culminación de los seres vivos.

 

Ahora podemos entender más profundamente el significado de este primer mandamiento, el don de la libertad que contiene.

De acuerdo con el pensamiento rabínico la Rô’š ḥōḏeš, el mes-inicio judío está ligado estrechamente a la raíz de ḥāḏaš, renovar, hacer nuevo: el mes se renueva. El sol, en cambio, está vinculado a la dimensión del año, šānâh, que proviene de la raíz šānan: repetir, decir y decir de nuevo.

El año, lo que significa el sol, tiene la dimensión de lišnôṯ, del repetirse, mientras que el mes lunar se caracteriza por el ḥiddûš, de la renovación. Estas dos dimensiones también caracterizan la relación entre Israel y el Señor.

 

         El sol se caracteriza por la repetición, por el no cambiar, mientras la luna por la necesidad y la capacidad de renovarse, de cambiar, crecer.

La repetición y el renovarse son las dos formas en las que se vive el tiempo, pero también las formas en las que se vive y se aplica a la Tôrâh del Señor.

Por un lado requiere repetición:

 

Estas palabras que hoy te prescribo, permanezcan fijas en tu corazón:

las repetirás con diligencia (wešinnantām) a tus hijos, se las darás al estar sentado en casa, en tu caminar por las calles, cuando te acostarás, cuando te levantarás.

Dt 6, 6-7

Y en otro sentido, éstas requieren innovación, descubrimiento.

El tiempo del esclavo es de su amo, un tiempo que no se extiende al mañana, al proyecto, sino que se centra en el hoy y en el desempeño de una necesidad particular de su amo.

La libertad se expresa en la búsqueda de adueñarse del propio tiempo, y el hombre libre es aquel que sabe renovar el tiempo.

 

La palabra hebrea para fiesta es mô‘ēḏ, y mô‘ăḏîm, que son las fiestas. Mô‘ēḏ, en su raíz más antigua significa un momento especial, un encuentro compuesto por dos partes: la luna nueva no es sólo el momento en que la Luna recibe de nuevo los rayos del sol, sino cada vez, cada mes, la luna encuentra de nuevo al sol y cada vez nuevamente, recibe los nuevos rayos de su luz.

Así, Dios quiere un pueblo que lo busque, que lo encuentre de nuevo para ser iluminado con los nuevos rayos de su luz en cualquier lugar y en todas partes, a lo largo de su historia, pasando por períodos de oscuridad y tristeza.

La luna que encuentra de nuevo al sol es sólo un modelo de la búsqueda del encuentro con Dios.

Su renovación es una imagen, un incentivo para la renovación interior que cada creyente israelita está llamado a vivir al comienzo de cada mes.

Mô‘ēḏ, literalmente significa encuentro: el mandamiento del Éxodo nos lleva a fijar el día de nuestro encuentro con Dios.

 

Este mes será para vosotros el principio de los meses.

 

Esta luna nueva será el comienzo de la renovación para vosotros. Es para vosotros.

El Rô’š ḥōḏeš, el inicio-mes, es para el israelita un continuo traer a la mente el compromiso con Dios, una llamada que le impide alejarse, volverse extraño, convertirse, sin conciencia y sin darse cuenta, cada vez menos disponibles a la luz de su espíritu. Se trata de un encuentro renovado sin el cual el corazón se volvería cada vez más oscuro como el del Faraón y endurecido y pesado incluso ante los signos más

Sorprendentes, ante las maravillas más emocionantes, un corazón que no tendría la fuerza para nacer de nuevo.

La liturgia judía celebra cada principio de mes con el Mûsāf Rô’š ḥōḏeš. En los textos de esta liturgia del inicio-mes se describe como un tiempo de reparación, de purificación, de redención:

 

En los momentos de los inicios del mes tú fijaste para tu pueblo, un tiempo de expiación para todas las generaciones, con agradables sacrificios que se te presentaban, y con chivos expiatorios que en tu honor se sacrificaban con el fin de obtener el perdón: servían a todo individuo de la nación como un recuerdo, que los salvaba de manos enemigas. [...]

Nuestro Dios y Dios de nuestros padres, haz que el nuevo mes nos muestre como felices portadores de felicidad y bendición, de alegría, felicidad, salvación y consuelo, sustento y abundancia, perdón de los pecados y perdón de las culpas, ejercicio de buenas obras y estudio de la Tôrâh; para que, Israel, tu pueblo que entre todas las naciones, pre-elegiste y le estableciste las leyes de los inicio-meses:

Bendito seas, oh eterno, que santificas a Israel y a los inicio-meses. [...]

Te alabamos, porque tú eres el eterno, nuestro Dios, el Dios de nuestros padres; te damos gracias por la vida que nos concedes, que está en tus manos; por el alma que conservas en nosotros, que está en tu poder; por los milagros que haces todos los días y por las maravillas benéficas que en todo momento recibimos de ti.

Por todo esto, te agradecemos de noche, por la tarde y por la mañana.

Buen Dios, cuya misericordia no tiene fin; Dios misericordioso, cuya misericordia es infinita; siempre esperamos en ti.

Tú, Eterno, Dios nuestro, no nos has decepcionado, ni nunca nos has abandonado, ni has negado tu ayuda. [...]

Por todas estas cosas, que tu nombre sea siempre bendito y exaltado, oh nuestro Rey, y te rindan reverencia todos los seres vivos alabando sinceramente tu buen nombre.

Bendito seas Tú, oh eterno, cuyo nombre es bueno y al cual es bueno rendir homenaje.

 

Es un tiempo en el cual hacer tešûḇâh, conversión, es el momento oportuno para el regreso de Dios.

Es el momento de la tešûḇâh mensual debido a que el renacer de la luna recuerda a todos el volver a nacer, a renovar los caminos.

 

          La luna nueva invita al israelita piadoso a cambiar.

La luna nueva dice que incluso cuando los fieles se eclipsan de Dios pueden y deben encontrarlo una y otra vez vinculándose con los rayos de su luz.

 

No estamos hablando de astrología, por supuesto, ni de magia, ni de ritos paganos o esotéricos: Creo que tenemos que considerar cuidadosamente el hecho de que Israel se ha convertido en un mandamiento, en una miṣwâh.

La luna nueva estaba seguramente vinculada a rituales arcaicos. En los tiempos primitivos, relacionados con la alternancia de las fases de la luna, ligados a los fenómenos de la naturaleza en general, los hombres temían cuando la luna se oscurecía por miedo a que se perdiera y se regocijaban cuando la luna se hacía visible de nuevo.

Para el pueblo judío este ritual se ha convertido en un mandamiento, en una declaración jurada hecha por el tribunal rabínico, el Bêṯ Dîn que bajo el testimonio de dos testigos proclamó el día de la luna nueva, la Rô’š ḥōḏeš, el inicio-mes, el día en que aparece la primera creciente de la luna. En los tiempos del Segundo Templo, los días de Jesús, los sacerdotes enviaron a dos observadores que estaban rastreando el cielo hasta que vieron aparecer la luna nueva y reportaron el anuncio al Sanedrín que declaraba el día siguiente como un día festivo.

En nuestros días, a pesar de la existencia de un calendario fijo, se da el anuncio de Rô’š ḥōḏeš, en la sinagoga el sábado antes del inicio del mes y ese sábado se llama Šabbāṯ meḇāreḵîm, - Šabbāṯ de la Bendición[del nuevo mes].

Por lo tanto, se da una gran importancia y no es un rito ancestral o un desliz en la astrología, sino una respuesta, un compromiso que sigue un mandamiento de Dios.

Así que Dios muestra la luz de la luna, pero los hombres deben establecer el principio de los meses de la misma manera: don de Dios es el compromiso del hombre.

 

Cada mes en la liturgia judía, con la renovación de las fases de la luna, se dice el Šabbāṯ meḇāreḵîm, - Šabbāṯ de la Bendición de la Lunaenmarcada por la oración del Salmo 148 al inicio y por los salmos 121 (120) y 150 al final.

Se recita de pie, de acuerdo con la enseñanza de la escuela del Rabí Yishma’el: si los hijos de Israel no hubieran merecido presentarse ante su padre en el cielo, sino una sola vez al mes, esto sería suficiente. Dijo a Abayiè: por esto hay que orar de pie.

 

Bendito seas, oh Eterno, Dios nuestro, Rey del universo, que con una sola palabra hizo el firmamento, y con un soplo de su boca toda su gama. Les estableció una ley y un período de manera que no cambiaran su papel, emocionados y felices de hacer la voluntad de su creador, que opera en la verdad, y en la cual practiquen la verdad. Y a la luna dijo que se renovara, corona de honor para los judíos, cuyo futuro espera se renueve como ella y honrarán a su creador para la gloria de su reino.

Bendito seas, oh eterno que renuevas los meses. Esto sea un buen augurio para nosotros y para todo Israel. Bendito quien te ha formado, quien te ha hecho, quien te ha constituido, quien te ha creado.

 

Este mandamiento es el que precede la salida de Egipto, un mandamiento que precede al nacimiento de Israel como nación.

Es un mensaje de esperanza, de crecimiento, un mensaje de un encuentro con el Dios que permanece y que se renueva continuamente. Para un pueblo que comienza a formarse, a construirse no hay nada más importante que saber que puede cambiar y renovarse a sí mismo, como individuos y como comunidad.

No es suficiente que la Luna esté en conjunción con el sol, es necesario que el espíritu de Israel se conjugue y se una con el de su Dios. Aquí preanunciado el valor genérico, no sólo de la luna nueva, sino del mô‘ăḏîm, de las fechas, de los días establecidos. ¿Qué son los Mô‘ăḏîm? Son los encuentros, como lo enseña etimológicamente la palabra hebrea, son las convenciones, las conjunciones de Israel con Dios; y luego, la importancia de esta primera miṣwâh, de este primer signo, resulta evidente como preanuncio de lo que será la vida característica del pueblo del Señor; esta primera miṣwâh abre el camino a la comprensión de las otras: hay leyes del cielo, leyes regulares y maravillosas, establecidas por Dios en el mundo natural; estas leyes en el cielo, sin embargo, son indicios, signos, modelos de lo que tienen que ser las leyes de la tierra. Como hay cuerpos celestes que obedecen a la voluntad de Dios, así en la tierra hay hombres que tienen, a través de las leyes divinas y humanas, que hacer que también éstas regresen a la voluntad de Dios, para reunirse con Dios, para levantar a la tierra y dirigirla hacia el cielo en la armonía de la Creación y en la de la voluntad moral.

Israel, por su parte, debe conocer estas leyes, tiene que volver a encontrar y establecer el momento de su nuevo encuentro con Dios. Israel, en primera instancia, que ahora está a punto de comenzar su vida, tiene que aprender a conocer el secreto de la vida; como las estrellas y los astros renuevan con sus fases la vida y el ciclo, y así dan silencioso homenaje al Creador, así Israel lo debe hacer con sus leyes y aprender a renovar el valor de su vida, tiene que, a través de su adhesión a la voluntad de Dios, aprender a reconocer el eterno rejuvenecer del espíritu humano, que se encuentra puro y santo en la cercanía de Dios, modelo de pureza y santidad.

Rabino Riccardo Pacifici


LA BUENA ESTACIÓN

 

Los israelitas tendrían que marcar este mes como el primero y tendrían que haber contado los meses en relación con este primero, segundo, tercero hasta el duodécimo mes. Esto asegura la memoria del evento, de la extraordinaria obra de Dios, desde el momento que no se nombra el mes. De hecho, se menciona el milagro que pertenece a ese mes.

Este es el primer mes, ya que es la memoria de la redención que Dios ha hecho con respeto de su pueblo.

 

Este mandamiento enfatiza la centralidad de la experiencia del Éxodo en el pensamiento del pueblo de Israel. En la misma forma que los días de la semana no tienen nombres en el judaísmo, sino el primer día, el segundo día para enfatizar la primacía del sábado, así los nombres de los meses son simplemente una indicación en relación al mes de los milagros y de la redención, a toda la experiencia del éxodo como lo que construye toda la fe en Dios. Establecer un calendario es un paso significativo en el camino hacia la libertad. Un esclavo no es dueño de su propio tiempo. Cuando Dios crea un calendario, yo estoy afirmando implícitamente que puedo controlar mi tiempo, mis días de descanso, los días festivos, mis días de trabajo y los tiempos solemnes están bajo el control de mi vida.

Rahmanides (Ramban), 1194 a 1270 d.C.

 

Contar los meses, contar el tiempo a partir del Éxodo.

Es el comienzo del mes, el principio de las estaciones, el principio de los años, ya que es un mandamiento de Dios: este mes será para vosotros el principio de los meses.

Este mes, este tiempo es la medida de todos los demás períodos, es decir, en este mes, en lo que sucede en este mes, Dios creó el mundo: y en este mes tuvo lugar el Éxodo y la Pascua de Israel.

Este mes es el que medirá todo lo que sucederá en el sentido del tiempo: todo lo que será mañana será un evento pascual, de la esclavitud a la libertad, de la idolatría al servicio de Dios, de la muerte a la vida, de la dispersión al convertirse en el pueblo de Dios.

 

Así, el primer día del mes, del tiempo, de las estaciones marca la liberación de toda la creación de la esclavitud, de la nada, de la noche, del caos para ir libre hacia la existencia y hacia el tiempo que nacerá.

Bere’šîth, En Principio: con esta palabra comienza el Génesis, comienza toda la Escritura, comienza el mundo, la historia, la obra de la salvación.

 

Tanto la tradición judía como cristiana, reportan que el tiempo en que Dios creó el mundo, el primer tiempo que ha marcado todos los otros tiempos, era la primavera, el tiempo en el que todo renace, todo vuelve a la vida.

También Dante recuerda este hecho, cuando al huir de las fieras en la selva oscura comienza a esperar la salvación cuando se da cuenta de que las estrellas estaban en la misma posición que cuando Dios creó el mundo, es decir era la buena estación, la primavera:

 

Era el tiempo del comienzo de la mañana,

y el sol se alzaba hacia arriba con esas estrellas

que estaban con él cuando el Amor Divino

movió primero esas cosas hermosas;

así que eran para mí motivo de buena esperanza

que ese día en la piel percibía

la hora del día y de la dulce estación.

Infierno I, 37ss

 

Por su misericordia, Dios no podía confiar a la sequedad del verano o al frío del invierno los primeros brotes de la vida recién nacida, sino que los ha confiado a una estación cálida que les pudiese cuidar, hacer crecer hasta volverse maduros.

La primavera es la temporada de la misericordia, la estación en la que todo lo que quiere nacer tiene un futuro, es acompañado en su crecimiento y en su maduración por la suavidad de la temporada:

 

Podemos interpretar de la misma manera también este pasaje: Este mes será para vosotros el principio de los meses, aunque si esto se entiende en referencia al tiempo, porque se refiere a la Pascua del Señor celebrada a principios de primavera. Así que en este principio de los meses, Dios creó los cielos y la tierra, ya que era apropiado que el mundo tuviese inicio en primavera, cuando el clima era favorable a todas las criaturas.

[...]

Aunque si en cualquier época del año habría sido fácil para Dios ordenar y a la tierra obedecer a fin de producir frutos calentados por la voluntad del cielo, no obstante el hielo y la nieve de la temporada de invierno; sin embargo, no encajaba en el deseo eterno cerrar repentinamente los frutos verdes en campos estrechos en las garras de las heladas y mezclarlos con la escharcha, que hace morir las planicies de flores.

La Escritura, para indicar que se trataba de la primavera, cuando se habla de la creación del mundo, dice: Este mes es para vosotros el comienzo del mes, es el primero de los meses del año, llamando así, es decir, "primer mes", al tiempo de primavera.

Era lógico que el inicio del año marcara el inicio de la reproducción y que la reproducción misma fuese favorecida por un clima más cálido. De hecho, los brotes todavía tiernos no habrían podido soportar ni el tormento de un frío demasiado extremo ni la violencia de un calor ardiente.3

 

Y la buena estación es la estación del Éxodo, el tiempo de Pascua, de la Pascua de entonces y de la última y definitiva Pascua inaugurada por el Señor Jesús:

 

Al mismo tiempo, es legítimo señalar, porque es cierto, que comenzó esta generación, y este tipo de prácticas en la época en la que estaba prescrita por la ley de la transición de la generación a la regeneración.

De hecho, fue en primavera que los israelitas salieron de Egipto y pasaron por el mar, bautizados en la nube y en el mar, como dice el Apóstol, y en ese momento todos los años se celebra la Pascua del Señor Jesucristo, es decir el paso de las almas de los vicios a las virtudes, de las pasiones de la carne a la gracia y a la sencillez de espíritu, de la levadura de la materia y del mal a la verdad y a la sinceridad.

Así que para aquellos que han sido regenerados se dice: Este mes es para vosotros el comienzo de los meses, para vosotros es el primero de los meses del año.

Quién recibe las aguas del Bautismo definitivamente abandona al príncipe de este mundo, simbolizado por el Faraón, diciendo: "Renuncio a ti, o diablo y a tus obras y a tu dominio". Ya no le servirá ni a él ni a las pasiones terrenales de nuestro cuerpo o a los errores de la inteligencia corrupta, pues toda malicia se hundió como el plomo, defendido tanto a la derecha como a la izquierda por las buenas obras, éste trata de cruzar sin daños las olas tormentosas de este mundo [...]4

 

Contar el tiempo, es decir, insertarlo, sumergirlo en la hora de la redención porque es un tiempo por ella marcado y hacia ella orientado.

Un tiempo que nace de un don de libertad y que protege esta libertad.


CHRÓNOS Y KAIRÓS

 

Tiempo en griego se dice Chrónos.

 

Chrónos era el dios griego padre de Zeus. Le habían profetizado que uno de sus hijos lo habría destronado. Cada año, por lo tanto, devoraba a sus hijos para no ceder el poder real. Zeus logra escapar de la muerte gracias a un truco de su madre Rea y una vez adulto derrota a su padre Chrónos haciéndole vomitar a los otros hijos que se había comido.

 

Este mito nos da una idea de lo que el tiempo es para nosotros.

El chrónos es el tiempo formado por segundos, minutos, horas, días, meses, estaciones, años, es lo que marca el paso de la vida hasta el final; entonces es el lugar donde estamos situados constantemente frente a la finitud, al límite.

El tiempo nos come la vida, el tiempo corre hasta quitarnos la vida, nos roba los años, nos roba la juventud, las fuerzas, nos conduce finalmente a la muerte.

Vivimos constantemente en la injusticia de la vida que se nos quita haciendo continuamente las cuentas con la muerte.

Vivimos de lo que se nos quita, que injustamente se nos quita.

 

Vivir en el chrónos es vivir continuamente de lo que falta, del vino que se acabó (cfr. Jn 2, 3) de sólo cinco panes y dos peces para cinco mil hombres, sin las mujeres y los niños (cfr. Mc 6, 38), de la caña doblada y de la mecha humeante (cfr. Mt 12,20), de la red vacía (cfr. Jn 21, 3).

 

Es vivir dentro de una experiencia de desierto, donde no existe la posibilidad de encontrar comida, no hay nadie que proclama la Palabra, no hay tiempo para escuchar esa Palabra.

 

Él desembarcó y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor, y comenzó a enseñarles muchas cosas. (Mc 6,34)

 

Vivimos en esta falta de todo, y luego en la ansiedad de esperar, de poseer, de mantener.

Vivir en el chrónos quiere decir vivir en el miedo, en el miedo de perder las cosas que amamos, que tenemos, y que nuestra vida termine.

 

Jesús vino en la plenitud de los tiempos, es decir, Jesús es la plenitud de los tiempos:

 

El tiempo se ha cumplido (Mc 1,16)

 

Es lo primero que dice: se ha terminado el chrónos, se ha terminado el vivir en este mundo. Cristo llena cada momento de la vida, cada minuto, cada momento, de sí mismo.

Esto significa que tenemos acceso a él en cada momento de nuestras vidas, significa que por fin él la ha llenado. La lógica del chrónos, ya no existe, ya no es el tiempo donde bebemos del vacío, de la falta de cosas, de la muerte, del límite, del poseer, sino es el momento en que reunimos los fragmentos (Jn 6,12), el tiempo en el cual el pescado ya está en las brasas y se añade lo que ahora hemos pescado (Jn 21,9-10), el momento del agua que quita la sed para siempre (Jn 4,14), el tiempo del pan que satisface el hambre para la vida eterna (Jn 6,35), el tiempo del vino bueno y abundante (Jn 2,10), el tiempo de la alegría que no se pierde (Jn 16,22), el tiempo del Espíritu sin medida (Jn 3,34).

 

El tiempo se ha convertido en kairós.

El tiempo ya no es el lugar de nuestra muerte, sino el lugar donde hacemos la experiencia de ser alcanzados por el amor, y ser originados a partir del Amor para siempre.

Ya no es el lugar donde tenemos que tratar de sobrevivir, sino el lugar de la tierra donde bebemos para llegar al cielo, el lugar de la experiencia.

En él buscamos y encontramos no sólo lo que necesitamos, sino lo que se nos devuelve, donde buscamos cuál es la forma del amor al interno de la vida que viene a nosotros para siempre.

 

Tenemos todo el tiempo para escuchar la Palabra de Dios que nos habla en el tiempo de nuestra vida, la Palabra eterna llena las palabras vacías de nuestros días, Él nos salva dentro del tiempo de nuestra vida, y ya no es el tiempo donde nos perdemos y morimos, sino el tiempo donde Él nos encuentra, nos salva nos regresa continuamente a la vida. Ya no es de noche, sino el tiempo de la luz sin ocaso.

 

Termina la luz del día de este mundo, pero vivimos en Cristo, que es el kairós, la luz sin ocaso.

En él tenemos todo el tiempo para hacer la voluntad de Dios; porque Él ha llenado de esta voluntad todas las cosas, y luego lo podemos encontrar en todas partes.

Este es el tiempo de los cristianos y que es un solo día.

 

Ya estamos muertos, nuestros días ya están terminados, el chrónos se ha terminado, estamos muertos, pero nuestra vida está escondida con Cristo en Dios (cf. Col 3,3).

Ya no tenemos los días, los minutos para vivir en el miedo, en la muerte, sino que tenemos un día sin ocaso, que es Cristo.

 

Por lo tanto, en la historia se llora por su violencia, pero al mismo tiempo podemos cantar, alabar al Señor porque es bueno, su misericordia es eterna.

Porque si en el tiempo de nuestra historia experimentamos la muerte o la violencia, existe, sin embargo, una salvación en esta historia, y esta salvación se canta.

Ahora vivimos de la Luz sin ocaso.

Y esa luz es más cierta que mi muerte y que mi noche, esa vida es más cierta que mi debilidad, esa salvación es más cierta que mi pecado, la gracia es más abundante que mi mal.

 

Este mes será para vosotros el principio de los meses: orientar el tiempo de la vida, del chrónos, al tiempo de la salvación y asegurarse de que este tiempo de salvación dé ritmo al tiempo de la vida.

 

Es la hora de Pentecostés,

Es hora de la elevación de la cruz,

Es la hora de la apertura a la iglesia, a los pueblos,

Es la hora de la resurrección de Cristo,

es la hora de la Pascua.

 

A partir de esos eventos me organizo,

a partir de esos eventos me dejo trasportar,

a partir de esos acontecimientos me hago decir quién soy.

 

El tiempo se ha convertido para siempre en el lugar donde hacemos la experiencia de ser alcanzados por el Amor, y de tomar origen a partir del Amor por siempre.

 

El kairós nos obliga a hacer las cuentas con la vida, a decidir acerca de nosotros, de nuestra casa, de nuestra iglesia, del mundo, a partir de una vida que nunca muere, y luego decidir ser constructores, para continuar creciendo, aprendiendo, dando, encontrando a otros, engendrando, invirtiendo toda la energía porque éste es el kairós, el tiempo para vivir, y donde vivir es amar.

 

Un solo día para vivir,

un día que no conoce ocaso,

un día para cantar.

 

PARA LA ORACIÓN

 

No añado nada a lo que está escrito. Les recomiendo que disfruten de esta Palabra, incluso antes de pedirles que la pongan en práctica.

Sugiero un momento de poesía, ser un poco niñas, e ir también vosotras sobre un punto alto como observadores a esperar la primera aparición de la luna creciente, el próximo inicio-mes (debería ser la noche entre el 13 y 14 de octubre, el primer día del mes de Ḥešwān) y en ese espectáculo pedirle a Dios que Él las encuentre y repetir en el corazón el primer mandamiento:

Este mes será para vosotros el principio de los meses.

 

Concéntrate, ya sea en la contemplación como en el proyecto, en el actuar, considerando las tres reflexiones principales de esta lectio:

 

1) La renovación del tiempo como un retorno al encuentro con Dios: volver a encontrar, es decir, hacer nuevos los lugares, las situaciones, los tiempos de tu estar con Él.

 

2) El éxodo como el fundamento de la vida en el tiempo: proyectar y custodiar en espacios de libertad y dentro de la buena estación, nuestras acciones y nuestra vida. Creer en lo que nace y sobre todo permitirle crecer y madurar en el espacio de la misericordia y del amor que ya sabe ver el cumplimiento. ¿Cómo pueden ser nuestras fraternidades viviendo en la buena estación?

¿Qué es lo que permite existir a lo nuevo y hacerlo capaz de crecer, y qué rigidez, qué calor abrasador, cuáles presencias de muerte lo amenazan?

 

3) La distinción entre vivir en el chrónos y vivir en el kairós, el vivir para el límite o vivir para la oportunidad. Añado un texto de Matta el Meskin (1919-2006), padre espiritual del monasterio de San Macario en Egipto:

 

El hombre es una historia trazada, producida por los días; y es esta historia la que establece las características de su aspecto humano, no sólo desde el punto de vista de la estatura del cuerpo, sino también con respecto al número de años, en los que se inscriben la riqueza y la profundidad de la personalidad humana, también como resultado de los accidentes del camino y de la manera en que el hombre reacciona.

Pero en el hombre hay otra dimensión, por encima y separada del tiempo. Es una dimensión que no depende de cambios fisiológicos, ni que está sujeta a la influencia psicológica: está casi separada del polvo de la tierra, de todo lo que proviene de ella o que regresa a ella. Esta dimensión intemporal no concuerda con el movimiento del tiempo, ya que no es de este mundo: en efecto, no tiene unidades de medida, sino que sólo está sujeta a la intervención directa de Dios. Es la ley de la inmortalidad o de la vida eterna. Cuando el hombre se comporta de acuerdo a la dimensión temporal, su conciencia se mueve en la dimensión de las horas y de los días. Se adhiere a la tierra, al cielo y a todo lo que contienen, sigue estando sujeto a la ley del movimiento, del cambio que conduce inexorablemente a la aniquilación. Pero cuando sigue la ley de la inmortalidad, advierte algo infinito, de la existencia absoluta y de la vida eterna; se adhiere a la verdad y se transforma en ella.

Adherir a la verdad - y la verdad es Dios – dedicarse al amor y a la vida eterna, hasta la entrega de sí mismo y hasta entregar el alma: ésta es la preocupación por la dimensión intemporal, por lo tanto, se trata de la práctica de la ley de la eternidad, gobernada por Dios.

Una pequeña indicación para la lectura de los términos en hebreo, así podéis leer sin temor:

e no se pronuncia

se pronuncia v

ṭ / ṯ se pronuncian como la t normal

ś como la “s” normal

š como la sc de scena, de sciarpa – italiano -(Šabbāṯ se pronuncia sciabbát) – sc=”sh” inglés

como la z de zitto (italiano- zz en español latino)

como la k

w como la v

como la d

ḡ / g siempre se leen como la g de gato (nunca como g de gioia – en italiano -… y en español - en general - el sonido siempre es gutural)

como la k (ḥōḏeš se lee kodesc, con la sc de scena en italiano – “sh” inglés)

las otras consonantes se leen como las nuestras (no como la c/z en español castellano sino como c/z en español latino)

para las vocales no hay diferencia de pronunciación aunque si se usan signos diversos.




1 En el 2015 se celebró del atardecer del 13 de septiembre hasta el 15 de septiembre.

2 El calendario hebreo se basa sobre la revolución lunar y se rige por el sol. El tiempo que va de un novilunio a otro es de 29 días, 12 horas, 44 minutos y 3 segundos y un tercio. Visto que un mes tiene que estar compuesto por días completos, se alternan meses de veintinueve días y meses de treinta. Así resulta un año de doce meses con 354 días, once menos del año solar. Esta diferencia comporta el hecho de que cada año Pesah (Pascua) retrocedería once días, y antes o después, la Pascua caería en invierno. Y, no obstante, la Tôrâh especifica que ésta tiene que caer en el “mes de primavera”.

Para resolver este problema se añade un mes (un doble ’Ăḏār) siete veces en diecinueve años (por ejemplo este año). Así resulta que se toman dos decisiones: si el mes es de treinta o veintinueve días y si un año es embolístico (de trece meses) o no.

El calendario lunar perpetuo que conocemos se promulgó en el año 4119 (358-9 d. C.) por Hillel II debido a la dispersión del pueblo y a la imposibilidad para mantener un sistema judicial independiente que pudiese proclamar el Rô’š ḥōḏeš (el Mes-inicio). El calendario lunar perpetuo, por lo tanto, es una táctica para evitar una situación de desastre, pero no es la condición ideal y original. Por más de mil años, los tribunales de Israel aceptaron testimonios sobre el novilunio (J. Pacifici).

Los nombres actuales de los meses lunares judíos se adoptaron del hebreo al regreso de Babilonia, según el Talmud, y se definen como sigue:

 

I

Nîsān

Marzo – Abril

II

Iyyār

Abril – Mayo

III

Sîwān

Mayo - Junio

IV

Tammûz

Junio - Julio

V

Ā

Julio - Agosto

VI

Ĕlûl

Agosto - Septiembre

VII

Tišrî

Septiembre - Octubre

VIII

ešwān

Octubre - Noviembre

IX

Kislēw

Noviembre - Diciembre

X

Ṭēḇēṯ

Diciembre - Enero

XI

Šeā

Enero - Febrero

XII

Ăḏār

Febrero - Marzo


3, 4 Ambrosio, Creación I, 4.